ROCKTÁMBULO

Reflexión y documentación del rock en español.

Crítica ‘Orilla’ [Luter]

Luter Orilla   El riesgo es para los valientes. Con esta actitud desprendida, el bueno de Luter pone fin a su particular trilogía de discos: Añicos en 2008, Ignora en 2010 y Orilla (Rock Cd) en 2013. El último de los tres vértices, producto de un exitoso crowdfunding, ha sido grabado en los estudios R-5 de Oricaín (Navarra) y producido por David Díaz ‘Kolibrí’ (Marea). El trabajo, además, corta definitivamente el cordón umbilical que suponía Los Reconoces. Atrás queda el Luter canalla, el presente dicta un rock de grandes pretensiones testimonio del viaje introspectivo que vive su protagonista.

   El primer corte del disco, Mi guarida, no es para nada representativo de lo que el cantante madrileño ofrece más adelante. Éste es un tema desnudo en cuanto a retórica, y atendiendo al concepto de Orilla, abarcable en su totalidad. Ocurre lo mismo con la melodía, que en contra de la línea habitual de Luter, se torna hasta bailable en el estribillo. Por otro lado, la temática tampoco supone un salto al abismo, ya que trata sobre el esfuerzo de recuperar aquello que se perdió. Sin embargo, existen otro tipo de valores a tener en cuenta, como por ejemplo unos riffs tratados con esmero y esa tendencia -a día de hoy casi exclusiva- de servirse de terminología moderna a la hora de componer: gigabytes, Facebook… Esto último con alguna que otra laguna, pues todavía chirría un poco. Cabe destacar que no por culpa de Luter, sino por lo novedoso de la situación, y más teniendo en cuenta el contexto donde se encuentra (rock urbano), más propenso a vocablos duros o de estratos sociales bajos.

   Lo expuesto nos llevaría a especular con que Luter ha adoptado procesos creativos propios del indie. La tónica desheredada se mantiene en el corte dos, donde colabora Rubén Pozo (ex Pereza). Skyline, a caballo entre el pop y el rock and roll, es dentro del global del trabajo de lo más flojo, y no acaba de cuajar con el estilo anti-mainsteam del madrileño. Sí en lo que a temática se refiere, la seriedad del reencuentro.

   El inicio con armónica de Estreno mundial marca el punto de inflexión del disco, el segundo inicio, donde las costuras de las canciones son otras: una actitud más íntima, un tono más profundo y unas melodías con muchos más matices. En definitiva, más. La pista habla de la inconsciencia a la hora de vivir las relaciones. Luter reconoce “la mentira y la realidad”, y propone seguir el camino de la vida teniendo en cuenta ambas vertientes. Así comienza el trayecto a “ninguna parte”, hacia lo incierto. Por un lado, el tópico (“te mereces lo que no te di”); por otro, la imaginación y el rocanrol, un buen velo tras el que ocultar los golpes si se tercia.

Luter

Jandri, Fauno y Luter // FOTO: Rock Estatal

   Orilla continúa con Carta de ajuste, un rocanrol de ABC: firme, regular y sustentado sobre la potencia de las baterías y las guitarras, que a su vez se desmarcan a mitad de tema con jugosas florituras. Como si de una historia cronológica se tratase, se sitúa en el paso contiguo, el de vivir e intentar romper con todo, aunque sea a base de morriña: “Todo se lo come la nostalgia”. Ahora bien, siempre quedan restos, porque “las cosas se terminan, pero nunca se acaban”. Jandri vuelve a ser protagonista al marcar el ritmo de Entresijos y gallinejas, un tema optimista que se esconde tras una gran propuesta, la necesidad de disfrutar de las pequeñas cosas y de encontrar alicientes que permitan concatenar la sístole y la diástole. También en aras de vivencias capaces de sorprender. El corte aporta grandes dosis del excelente retablo filosófico de Luter: “Hay diferencias entre no hacer nada y esperar”, “Soy un paseante de la vida y elegí andan entre las ramas” o “Subir es cuestión de fuerza; bajar es de equilibrio”.

   Si un tema pone al Luter individuo frente al espejo éste es El momento adecuado. Varios versos son los que dejan clara su independencia respecto al mundo: “Para qué quiero tu amor si tengo internet” y “la familia es un bucle anclado en la nostalgia”; su actitud contemplativa -fumando- esperando “el momento adecuado”; y la importancia de la infancia, reducto de felicidad y seguridad. En esencia, esta tercera premisa es uno de los puntos clave sobre los que trabaja Orilla, como muy bien refleja la portada. Asimismo, el tema queda respaldado por el uso de la guitarra acústica, lo que le confiere un matiz reflexivo y solitario.

   La vertiente ingenua y entrañable de Luter se mantiene al principio de Vox Populi, al desear “unos zapatos que le hagan veloz”. Fantasía pura y dura. Sin embargo, a medida que avanza la letra, el adulto toma las riendas. La evolución la marcan primero la desazón (“me gusta lo perecedero”, “qué caro es el amor de pega”) y más adelante la aceptación (“no tengo nada que perder. Nunca”, “jamás habrá próxima vez. Nunca”). El cantante plasma el paso de niño a mayor, donde lo importante es que nada importa, porque somos “una canica verde entre mil”. Así, Luter se planta, y a lo Sinatra (My way) decide no creer en nada y dejarse llevar. Vox populi también se presenta como unos de los cortes más animados del disco.

Luter

Los miembros de Luter, compañeros y amigos

   La cima de Orilla se registra en la track ocho, Paseo en bicicleta. Soberbia. Una vez más, con un símbolo que retrotrae a la infancia, la bici. El tema se centra en el echar de menos, con hartazgo incluido. Pero lo que no supone un riesgo excesivo en lo lírico sí supone una explosión de calidad en lo musical, riffs geniales que se entrelazan a la perfección con el solo de la guitarra, de tal forma que reclaman la ausencia del -por desgracia- inevitable momento en que todo finaliza. Una delicia que de buen seguro levantará más de uno, de dos y de tres aplausos bajo el escenario. Y merecidos, oye. Tema sugerente, elegante y a la altura de la producción internacional.

   Diferentes se ven Pasen a ver y El pan del superhéroe. La primera con vientos a cargo de Álvaro Díaz; la segunda un blues con el Hammond de Freddy Peláez. Mundos imperfectos (con tragafuegos, trapecistas y caballeros) donde todos creemos ser reyes y la voluntad amorosa como alimento en dos canciones que expresan la idea de sueños consumidos. ¿Su único pecado? Ser sucesoras de Paseo en bicicleta. La once por orden es Se busca poeta (carita de lápiz), otra de desamor; o mejor dicho, de distanciamiento y de enfrentarse a lo que realmente se piensa.

   A escasos diez minutos de la meta, Luter nos coloca el corte más largo de Orilla, Misión a Marte (6:35). También la letra más trabajada, en la línea de Entresijos y Gallinejas. “Un hombre tiene la edad de quien le abraza”, “Ha crecido con el ruido de las calles de Babel”, “viendo como se hacen viejos los colores del parchís”… todos versos que elevan considerablemente el nivel del álbum. Aunque ésta sólo es la primera parte del tema, pues la segunda también tiene sorpresa: la colaboración del rapero Isusko. Éste hace de las suyas encadenando verso tras verso sin apenas pausa (se nota el esfuerzo en el proceso de inhalación). Durante la media docena de minutos que dura, en corte nos habla del distanciamiento de quienes son sabedores de que no funcionan juntos. La melodía -siempre monótona-, agoniza en su repetición para acabar muriendo por falta de oxígeno…

   Para rematar, la enésima colaboración de Kutxi Romero (Marea), El mundo es como parece, una adaptación acústica y libre del poema de Miguel Hernández, a través del cual las dos voces hurgan en la idiosincrasia del ser humano, en su backstage sentimental. Un mundo que entra por los ojos y se filtra por las locuras personales.

   Luter tiene la capacidad de convertir lo sencillo en complicado. Es su gran virtud. Y precisamente de ella nace Orilla, un disco muy pensado, con horas y horas tras de sí. Pero darle tantas vueltas a las cosas tiene algún punto flaco, y éste no es otro que el volverse un problema para los que ansían caña. Es decir, para quienes gozaron de la anterior etapa del madrileño y esperan que regrese. Por contra, para los que iniciaron su andadura en 2008 -unidos a los de Ginevra Benci-, Orilla es el final del principio y el principio del final, un trabajo meditabundo que establece una frontera entre uno mismo y los demás, de la misma manera que lo hacen las olas entre el agua y la arena. Desde la orilla se sale, a la orilla se llega.

Orilla (2013)

  1. Mi guarida
  2. Skyline
  3. Estreno mundial
  4. Carta de ajuste
  5. Entresijos y gallinejas
  6. El momento adecuado
  7. Vox populi
  8. Paseo en bicicleta
  9. Pasen a ver
  10. El pan del superhéroe
  11. Se busca poeta (carita de lápiz)
  12. Misión a Marte
  13. El mundo es como parece
SABICIO (rúbrica)
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Esta entrada fue publicada en 07/11/2013 por en Música, Reseña/Crítica y etiquetada con , .
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