ROCKTÁMBULO

Reflexión y documentación del rock en español.

Crónica: Lichis en Music Hall (21.02.2015)

concierto de Lichis en Barcelona

Lichis, inmaculado // FOTO: Sabicio

   Lichis está oficialmente en la calle. Y es que su primer disco en solitario, Modo Avión, ya se pasea por las salas de la península. El concierto de Lichis en Barcelona, el pasado 21 de febrero, se llevó a cabo tras cancelar una primera fecha, para el 21 de noviembre de 2014 en la sala Bikini. Tres meses después, el mismo material pero no el mismo local, ya que la sala Music Hall, en el centro de la ciudad, acogió al cantante.

   Quince minutos antes de la hora marcada para el inicio, las 21:00 horas, la sala apenas albergaba una docena de personas. La poca afluencia hacía presagiar lo peor, pues los minutos pasaban y el suelo mantenía su perfume a lejía. Afortunadamente, a escasos minutos de la punta el goteo de seguidores empezó a tapar zonas. Los focos bajaron de intensidad y Lichis apareció por la izquierda de impoluto blanco, oculto tras unas gafas de sol y música country de fondo. Tras él, sus compañeros de faena, cinco músicos para ser exactos. Casualidad o no, el inicio se retrasó 15 minutos, suficiente para que la Music Hall vistiera llena.

   Miguel Ángel Hernando (más conocido como Lichis) empezó con el turbo puesto, en modo telonero, y se cantó del tirón Dinero por nada, Tan felices y la tan valorada por la crítica Tinkywinky. Su actitud, distante, explotó al máximo la frialdad del rockero duro sumergido en la vorágine creativa. El público, por su parte, se mostraba amigable, aunque tampoco desprendido de la frontera pasiva que supone enfrentarse a un disco nuevo. Éste, de ritmo pausado, tampoco ayudaba a fomentar el dinamismo entre un público que rondaba los 40 años. Una cosa estaba clara, la puesta en escena de Modo avión viraba hacia la autenticidad del líder.

concierto de Lichis en Barcelona

La mano derecha de Lichis, Fernando Polaino // FOTO: Sabicio

   La complicidad aumentó unos grados con el single del disco, Horas de vuelo, con el que Lichis aprovechó para presentar a la banda: Fernando Polaino, David Sam, Dani Ortín, Jordi Cobre y Álex Olmedo. Le siguió Pecados más dulces que un zapato de raso, de Gabinete Caligari. A la par que se navegaba por el repertorio, propio y ajeno, Lichis echó mano a las diferentes guitarras de que disponía, destacando sobremanera una con motivos y colores Van Goghianos. A un tercio de concierto, llegó el momento de mirar al pasado: “Un recuerdo de lo antiguo”. Carne de canción levantó un poco los ánimos de un público que para entonces adolecía de frialdad. La versión se adaptó al nuevo estilo del cantante, lenta y buscando una profundidad casi mística, lo mismo que Televisión de madrugada.

   “Antes había un tipo de gente con camisetas de Sepultura y llenos de tatoos que te afinaba la guitarra, los pipas. Agilizaban las cosas y no tenía que hablar entre tema y tema”, afirmó el frontman antes de tocar Felicidad, uno de los iconos de La cabra mecánica.  Ésta, casi irreconocible, estimuló al público y lo preparó para Tics raros, el primer tema de la noche con una fachada potente y atractiva, lejos del modo recital en el que había entrado el concierto. Los presentes agradecieron el aumento de revoluciones con aplausos -bastante por encima de la media-, demostrando que algo estaba fallando. Modo avión gustará más o menos, pero las 9 canciones consumidas hasta el momento decantaban el nuevo proyecto del ex líder de La Cabra mecánica hacia el formato acústico. Más todavía tras la décima canción, Enemigos, iniciada únicamente con Lichis y David Sam (piano) sobre las tablas.

   Entre los seguidores de Lichis, aplausos y algún cuchicheo: “Lichis se fue”. Puede parecer radical esta aseveración, pero quizá no esté tan lejos de la realidad. Lichis, uno de los letristas más carismáticos del país, con su profundidad costumbrista, ácidas metáforas y proximidad granuja, tal vez haya desaparecido con la nueva faceta del cantante. Las influencias americanas se han adueñado de su marca propia, de su carisma, y lejos de canalizar las referencias de seis años se ha mimetizado con ellas, se ha convertido en producción que suena a otros, véase Bob Dylan, Quique González o Calamaro.

concierto de Lichis en Barcelona

Toque musical, pero también de color // FOTO: Sabicio

   Volviendo al concierto, el tema más lento dejó paso a Gracias por nada y Casi rock and roll. “Cuando en 2008 decidimos dejar La Cabra, los demás integrantes hicieron un grupo, ChivoChivato. Les escribí una canción, Pobrecito Corazón”. Con estas palabras se quitó las gafas de sol que le habían estado acompañando durante toda la noche e introdujo el tema que escribió para sus ex compañeros. Sorprendentemente, el público reaccionó cantando la letra, algo que hasta el momento no había sucedido (detalle importante). El ritmo no bajó, ya que a la vuelta de la esquina esperaba Salir a asustar, el mejor corte del disco y a la postre la que mejor aguanta el directo. También Lo mejor de nuestra vida, versión de Antonio Vega. En tres canciones, el concierto cambió de tercio, se volvió rockero y bailable, interactivo, lo debería haber sido desde el principio. Lichis reparó en lo abarrotada que se veía la sala desde el escenario, y la puso en contraposición con sus inicios, hace 20 años. Tras ello, remató la faena con Tal vez Buenos Aires, “para los amigos de Terrassa”.

   Con una hora y veinte de concierto -aproximadamente-, estaba claro que no nos racanearían el bis, y no lo hicieron. Antihéroe, uno de los grandes temas de la época crepuscular de La cabra mecánica, fue la primera descarga, y Valientes, la segunda. Entre ambos hits, un alegato tan lícito como forzado: “Vivimos tiempos convulsos de desahucios, recortes y corrupción, y sólo tenemos el derecho a voto, porque a protestar ya no. Sin embargo, hay un colectivo más marginal, el de los padres que luchan por la custodia compartida”…

   En resumen, nadie puede restarle valor a Lichis, su carrera le avala. No obstante, en lo que concierne a la realidad del momento actual le queda mucho que depurar. Modo avión no tiene hechuras de eléctrico, La cabra mecánica sigue inundándolo todo (canciones, speech, público) y Lichis parece imbuido por el manierismo. Ahora bien, si el objetivo es atrapar a un público casual que se adentra en la madurez vital, es el camino.

SABICIO (rúbrica)
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Esta entrada fue publicada en 26/02/2015 por en Crónicas, Música y etiquetada con , , .
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