ROCKTÁMBULO

Reflexión y documentación del rock en español.

Crítica ‘Que se oiga tu voz’ [Ruido Ilegal]

Ruido Ilegal   ¡Grupo nuevo a la vista! Se llaman Ruido Ilegal y llevan poco menos de un año lanzando adelantos de lo que es su ópera prima. El álbum ha cobrado forma física: tiene carátula, libreto y duración, alrededor de 30 minutos. Que se oiga tu voz (Rock CD Records), así se llama el disco, ha sido grabado por etapas: las voces en el estudio Taller de Vox de El Vendrell (Tarragona), los vientos en Estudios 6db de Constantí (Tarragona) y el resto de instrumentos en el estudio que la banda posee en Tarragona. Todo bajo la supervisión de Elisa C. Martín. Asimismo, ha sido mezclado por Óscar Radio-Clash en Sónica Studios y masterizado por Uka SLM. Los tarraconenses condensan en poco más de media hora lo que llevan dentro, un punk rock melódico para los amantes de mover el esqueleto y remover conciencias.

   Que se oiga tu voz arranca con el single de presentación, Ruido sospechoso. Y cuando digo presentación, el término se expresa en todo su valor. Y es que la norma dicta que lo primero es ofrecer credenciales. El grupo establece un punto de partida, un camino y deja el futuro en manos de quien forme parte de su historia: “Construyendo los pilares será nuestro despertar […] seguiremos dando guerra hasta el puto final”. El corte suena como un gran desembarco, y quizá por ello recuerde bastante a todas la canciones que abogan por un cambio social, mareas blancas, verdes… El corte es potente y un buen punto de partida. Además, suena rápido y fácilmente cantable, gracias en parte a la presencia continua de coros.

   El corte dos, La última danza, es la punta de lanza de este disco, el tema que si yo fuese ellos movería de aquí para allá hasta agotar al personal. Tiene enjundia, carisma, fuerza y a Dema, vocalista de Talco. En consecuencia, el resultado les acerca bastante a la banda italiana, y un poco también a The locos. Aun así, no deja de vestir personalidad propia. Ruido Ilegal mezcla punk rock con algo de ska y una pizca de reggae, y el resultado es más que positivo. El contenido, parecido a la carrera musical de las bandas mencionadas, combativo; una defensa de los pueblos indígenas oprimidos y el lamento que supone tener que empezar esta “la última danza”. Carne de concierto.

Ruido ilegal

Raúl Borrás, Fran Rosa, Dani Porta y Litus Alemany // FOTO: Ruido Ilegal

   El grupo no abandona las causas de otro continente porque el corte tres, Freetown, plantea conflictos de gran calado: rivalidades étnicas, refugiados y sobre todo intereses económicos que llevan a pueblos enteros a querer abandonar su tierra. Un problema que sin solución inmediata sólo deja un parche posible, huir para pisar otra tierra. En el aspecto musical destaca el golpeo de la batería, constante y contundente. Le sigue Generación del 27, un juicio de la situación actual con los ojos puestos en el retrovisor de la historia. Empieza despistando, a base de rocanrol, y de repente -con la entrada de la voz- se pasa al ska, Así, adopta un tono festivo que para nada es representativo de lo que ofrece la lírica del tema, un vaivén de acontecimientos pasados y presentes que confluyen en anhelos y sensaciones parejas. El cénit de esta teoría encaja en el agujero de gusano que une (en cunetas) a cadáveres y desahuciados.

   Los cuatro temas dejados atrás nos sitúan a medio LP, capacitados para determinar que Ruido Ilegal es una banda con un disco hecho para directos. Y si me apuras, para triunfar en festivales, donde poder explotar la dureza de los instrumentos y el espacio al máximo. Lo único reprochable a primera vista es la pátina teen que lucen algunas canciones, aunque debo reconocer que hay mucho de manía personal.

Ruido ilegal   El tema número cinco, Navegando en tierra, propone la letra más compleja de todas. En ocasiones nos traslada a tramas tocadas anteriormente, como verse obligado a emigrar (la más probable), y en ocasiones posamos nuestros pensamientos en el maltrato de género. La melodía es pesada, por la dureza de las guitarras. También se muestra un tanto monótona, ya que sólo se rompe con la llegada del estribillo. A continuación, encontramos Instinto animal. Empieza con unos segundos que recuerdan a cualquier balada de Porretas (¿avanzan tragedia?), pero rápidamente entran los vientos y se abre la ventana del ska. Es una pena no saber cómo hubiese acabado ese inicio tan prometedor. Volvemos a la esencia The locos, en el tono vocal de Litus Alemany, en la melodía 100% pista de baile y en esa defensa de la fauna animal tan típica de la banda originaria de Vallecas (actualmente en Buenos Aires). Dos puntos que me han llamado la atención: por un lado, el bien ancajado palo que le dan al ex monarca; por otro, la frase “rufián, no me toques los cojones”. Sí, me ha hecho gracia la unión de lo culto y lo vulgar.

   Los dos últimos golpes de Que se oiga tu voz lucen potentes, en la tónica de los primeros cortes del disco, lo que se agradece encarecidamente. Somos más fuertes y Fuga de cerebros cuentan con Elisa C. Martín a los coros y reparan en la escena polítco-social nacional. Cobran protagonismo a partes iguales, dado que elevan la velocidad un grado, aunque a mi modo de ver resulta más gratificante ese homenaje o mirada hacia quienes cogieron las maletas en busca de un presente más óptimo. Por su parte, Samuel García (Trompeta) y Pitu Boada (Trombón) encajan a la perfección entre notas que piden celeridad. Una magnífica decisión la de acabar en lo más alto.

   Resumiendo. Es una formación jóven, mucho, pero en ningún caso compuesta por músicos que empiezan de cero. Extracto de Lúpulo, Kaso zerrado, Moral de esclavo, Kaso perdido… el currículo es extenso. Ruido Ilegal suena a ellos, y a muchas otras cosas, como hemos apuntado, por lo que se advierten mimbres suficientes para conseguir una trayectoria fructífera. A su vez, aparecen en un momento en que el circuito posiciona favorablemente a este tipo de bandas, cuyo valor reside en la mezcolanza de estilos y en el hermanamiento de forma y contenido.

   Que se oiga tu voz funciona realmente bien. Engancha y se disfruta, pero me hubiese gustado un punto de oscuridad que lo hiciese reposar en la cabeza, pues con 30 minutos y tanta fiesta cabe la posibilidad de que se olvide al finalizar.

Que se oiga tu voz (2015)

  1. Ruido sospechoso
  2. La última danza
  3. Freetown
  4. Generación del 27
  5. Navegando en tierra
  6. Instinto animal
  7. Somos más fuertes
  8. Fuga de cerebros
SABICIO
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Esta entrada fue publicada en 11/06/2015 por en Música, Reseña/Crítica y etiquetada con , , .
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