ROCKTÁMBULO

Reflexión y documentación del rock en español.

Crítica ‘Desórdenes emocionales’ [Caso Omiso]

Caso Omiso   Hasta la fecha, Caso Omiso se encontraban en un lugar oculto del rock, o así se veía desde algunas zonas de la península. Sin embargo, su nuevo trabajo de buen seguro que les abrirá puertas. Desórdenes emocionales (Rock CD Records) es el segundo álbum del grupo y fue grabado en los Estudios Dynamita de Lugones (Asturias), bajo la supervisión de Dani G.. Diez temas que saben al rocanrol añejo, del que todos hemos mamado; eso sí, actualizado a los nuevos tiempos.

   Desórdenes emocionales nos da la bienvenida con Luces de bohemia, un tema de los que te acercan al rocanrol, de los que se meten en tu cabeza activando un simple resorte. ¿Acaso alguno de los que estamos en esto del rocanrol no somos uno bicho raro? Da igual si nuestra forma de ser nos mete en el mundillo o si al entrar en el mundillo nos convertimos en seres extraños, la meta acaba siendo la misma. Y si eres músico, a la carretera, y de ahí al sexo, las drogas y el rocanrol. Dicho de otra manera, la solución a la pérdida del norte es apelar a la mirada interior, a la visión bohemia de la vida: el arte. Desde el primer corte notamos una preferencia por los cambios de ritmo y sobre todo por los ejercicios de cuerdas. Tampoco podemos dejar de prestar atención a la voz del cantante, Pumuky, muy del estilo rocanrol de los 80.

   Salimos del bicho raro y nos precipitamos contracorriente hacia el mar. Y es que el segundo corte del álbum, Marejada, nos sumerge en el mundo marinero. Los motivos y comparaciones marineras nos sirven para mostrarnos el fracaso ¿amoroso? La imagen más notable, sin duda alguna, la encontramos en “Nos juramos la verdad […] alguien cruzó los dedos por detrás”. Muy plástica. La canción nos remite al antihéroe desafortunado, incapaz de alcanzar sus pretensiones por culpa del destino. Esto cuaja en el sentimiento contenido, con cierto grado de lástima, que avanza hasta conseguir su punto álgido en el estribillo.

   El inicio lento y pausado de Nada que declarar no debe llevarnos a engaño, pues nos enfrentamos al que para mí es el mejor tema de Desórdenes emocionales (y una de las canciones que más he disfrutado este año). Cada dos versos, una idea a la que darle vueltas. Así es el corte. Deja varado el determinismo del rock y se adentra en la condición del ser humano. Un ejercicio de madurez en toda regla que encuentra su paroxismo -una vez más- en el estribillo: “Vine desnudo y me iré igual”. La línea argumental establece un núcleo heterogéneo que va desde la cotidianidad hasta asunción nihilista de la vida. Caso Omiso también nos regala un magnífico riff en el centro de la pieza que sirve como almohada sobre la que reflexionar cada palabra. Tema de recopilatorio.

Caso Omiso

Pumuky, Pisko, Oscar Hugo y Franin // FOTO: Caso omiso

   Con la adrenalina a tope y los sentimiento a flor de piel entra La sustituta, un cambio total de tercio que bien podría representar lo que reza el título del compacto. Empieza de forma instrumental y poco a poco, mediante las voces y la melodía, se transforma en una balada potente y desoladora que fija nuestra mirada en los temas del rocanrol de los 80: entre tanta droga, es sencillo ir “del amor al dinero y del abrazo al olvido”. Versos tan sencillos como directos y efectivos.

   Los cortes cinco y seis, Habemus democracia y Toda la noche, se presentan radicalmente diferentes, aunque juntos conforman una especie de valle donde coger fuerzas para el final del trabajo. La primera supone una bajada de intensidad, aunque no tanto por lo que ofrece, sino por el momento en que llega. A estas alturas de la película lo de la falsa democracia (aunque no se diga de forma explícita) suena a cliché desgastado y hueco de contenido. Aun así, se agradece aligerar la carga del disco con un tema más de corazón, en el que impera la rabia de las guitarras y la batería. Por su parte, la pista que le sigue recurre de nuevo a un tópico, en este caso el de la barra de bar. Esto no resulta negativo per se, sino que se echa en falta algo más que una actitud rebelde entre lo canalla y el romanticismo de una noche de sexo loco. Una de esas canciones que no supone gran cosa en el siglo XXI, pero que hicieron soñar -y cantar- a toda una generación.

Caso Omiso   Tras el valle, Besos de cristal nos ofrece un rasgo distintivo respecto a sus semejantes, un amago de funk -a ratos blues- que acaba deshojando un rocanrol más moderno que clásico. Volvemos a la barra del bar, aunque el final nos depara el foso de la locura y el fondo y aventurarse en lo amoral. Quizá el grupo debería haberla separado más el corte anterior, básicamente por sus excesivos parecidos en cuestiones de planteamiento. De lleno en la cara B del disco, la segunda parte, volvemos a la visión ermitaña del hombre. Y cabe reconocer que los temas ganan. Escalofrío juega con la autodestrucción del protagonista, y se plasma de forma clara en la dupla primeros versos, obra del grupo, y los finales, prestados del poeta ovetense Ángel González.

   Y puestos a destruirse, borrachera y resaca mañanera. Sin dosificador. Caso Omiso echa toda la carne en el asador con No salgo más de casa, una fiesta descontrolada made in Hunter S. Thompson con remordimientos por doquier (“Juro en vano de resaca que no salgo nunca más”). La melodía, acorde con la letra. Todo en conjunto, un viaje producto de las drogas; dos minutos y medio de guitarras poderosas que arrasan con todo lo que pillan por delante. ¿Y la despedida? El salto emocional postrero: La balanza. Un medio tiempo que aboga el equilibro innato de la vida, un banquete positivo y negativo a partes iguales. Un final que deja un más que buen sabor de boca.

   Desórdenes emocionales da para mucho, pero sobre todo para saber qué tipo de música ha pasado por la manos de Caso Omiso. Asistimos a 34 minutos de canciones que encuentran sus raíces en los temas que hicieron grande el rocanrol en este país, con estribillos excelentes que no se andan con hostias poéticas enmarañadas en metáforas imposibles y palabras retorcidas hasta la extenuación. El mensaje del disco es sencillo, pero sin caer en el tópico; elegante, pero sin pecar de afectación; romántico, pero sin resultar pegajoso. Y la música, un viaje por la nostalgia que sin duda alberga futuro. La vieja escuela tiene continuidad.

Desórdenes emocionales (2015)

  1. Luces de bohemia
  2. Marejada
  3. Nada que declarar
  4. La sustituta
  5. Habemus democracia
  6. Toda la noche
  7. Besos de cristal
  8. Escalofrío
  9. No salgo más de casa
  10. La balanza
SABICIO
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Esta entrada fue publicada en 22/10/2015 por en Música, Reseña/Crítica y etiquetada con , , .
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