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Crítica ‘Hoy venimos a morir’ [La Desbandada]

La Desbandada cumple con un segundo disco a la altura del primero. Hoy venimos a morir coloca al grupo en lo alto del rock estatal.

La Desbandada   Dieron la campanada en 2014 con un disco fantástico y ahora llega su segundo trabajo, ese que tiene que meter al grupo en el skyline del rock estatal. La Desbandada publica Hoy venimos a morir (Maldito Records), grabado y masterizado en el estudio AB Recording Studio de El Vendrell, bajo la supervisión de Arturo Torres Arco y Raúl Abellán. Presentan once cortes poderosos que apuntalar un setlist que crece a lo grande.

   Hoy venimos a morir empieza con la dupla guitarras y batería. Enseguida huele a rocanrol, aroma del bueno. Entramos en el túnel de la melodía y con nosotros lo hace Balta Hurtado, cantante de la formación vendrellense. Su tono de voz ha cambiado ligeramente, no suena tan nasal, aunque sigue recordando al mayor de los Romero. Sin embargo, esto tampoco es un problema, ya que han tomado velocidad de crucero y es cuestión de tiempo que adquieran autoridad por derecho propio. Cuerdas y alambres nos muestra una melodía y un cantante que se engarzan de manera perfecta, y con esto ya tenemos sobre la mesa el mejor argumento para acercarse a La Desbandada. Los cambios de ritmo constantes configuran un tema completísimo, ideal para ponerse a tono. Y es que las diferentes partituras nos guían por un muestrario rico en sentimientos: tristeza, euforia, piedad… Asimismo, el tema viene arreglado con múltiples efectos, como las campanas. Los versos de desamor nos dejan a un ser que no cesa en su cometido, haga frío, llueva e incluso nieve… La letra se debate entre la obsesión y el amor enfermizo. Quién la sigue, la consigue.

   La batería de Luis Sieiro agarra al grupo por el cuello y los introduce en Sacos de soledad. La distorsión de las cuerdas ve la oportunidad de sumarse y finalmente la voz se acopla. Todos con intensidad, queriendo alcanzar el final del corte. Porque sin aparentarlo, la cosa va rápida. Tema muy guitarrero donde podemos apreciar la rítmica, el riff y los solos de Pere Pinto. Por su lado, sigue la temática amorosa. Una noche disfrutando de los placeres del sexo y a la mañana siguiente una ruptura precipitada de la que no se saben los motivos. Los minutos del corte dan la respuesta, que se destapa como la bolita de los trileros, cuando todo está perdido. Decir “espacio” vale como spoiler. Aunque la cosa no acaba ahí, porque el menú lleva lucha interior, remordimientos e insomnio.

La desbandada

Luis Sieiro, Pere Pinto, Balta Hurtado y Pablo Monterde // FOTO: La Desbandada

   El corte tres se llama Hace tiempo y fue la pista afortunada que gozó de vídeoclip. Es lo que tiene la etiqueta de single. Empieza como una balada y aguanta perfectamente el minuto de piano. Como los buenos trailers, te pone en situación. Sugiere más que enseña. El paso al rocanrol se da tras la ‘petit mort‘ del grupo; absolutamente orgánica. En esta línea, el estribillo resulta de lo más melódico, lo que la convertirá de todas todas en una de las preferidas del público y una imprescindibles en directo. Ni qué decir, lo que cundirán los segundos postreros. El tema va contando los minutos para la ruptura, muy cotidiano todo. En esencia, el amor convertido en una escena de pareja de cada día. Pero nada de eso, porque este análisis se va directo a la papelera cuando se ve el clip de vídeo. La cosa es más grave, dramática y triste. Debo reconocer que tiene versos un tanto tramposos, pero bien jugado; da gusto encontrar grupos que apuestan por este tipo de giros argumentales. Por último, destacar que el tránsito hacia la fatalidad tiene su respuesta en el incremento de intensidad de los instrumentos. Asistimos a una cuenta atrás crítica que remata con la mezcla de realidad, ficción y ensueño…

   El salto de pista nos deja en Hoy venimos a morir (título del disco). La Desbandada nos presenta un tema meta (metagrupo). Hablan de ellos mismos: del pasado, del presente y del futuro. El título resume a la perfección su actitud frente a lo que viven. No importa cómo acabe la aventura, saben por qué han venido y cómo está el percal en el rock estatal. Si hay que morir, se muere. Eso sí, sobre el escenario. De saber el buen recibimiento que están teniendo, apuesto a que hubiesen sido más optimistas. La partitura es de las más sencillas, sobre todo por lo regular y austera que se muestra.

   Con mucha distorsión y las guitarras dobladas nos sumergimos en La hoguera. La incursión de la voz rebaja el tono, ya que Balta se acompaña prácticamente del tientinero del bajo. La caja, el telón de fondo. Paulatinamente, las diferentes piezas de La desbandada se unifican y conforman un rocanrol enérgico con espíritu optimista en el estribillo. La mezcla de tristeza y alegría contenida en forma desiderativa recuerda bastante a los años mozos de La fuga. “Di que no y volverá a salir el sol”. Los coros refrendan la decisión.

La Desbandada   El corte número seis, Demasiado tarde, adopta el semblante serio y volvemos a echar el freno. Podríamos decir que nos encontramos ante una de las canciones más sentidas  por el grupo, pero no se ajustaría a la realidad. Otra cosa no, pero cabe reconocer que La Desbandada dota cualquier tema de una intensidad crucial, cante lo que toque. Sencillamente es que la fórmula les funciona. Nos encontramos ante un alto en el camino de la faceta dura, la antesala del segundo bloque del disco. ‘Checkpoint’, por cierto, con fragmentos que recuerdan intensamente a una mezcla de Dani Flaco y La fuga; Salida de emergencia y En vela respectivamente El grupo vuelve a recuperar la idea de reinicio vital. Sin embargo, no queda claro si el personaje pide una “segunda oportunidad” a otra persona o a sí mismo. El reflejo, el espejo… las puertas a la interpretación permanecen abiertas.

   Hoy tengo el alma del revés es un rocanrol tirando a pesadito que levanta el vuelo en el estribillo. Su consecución transcurre alternando guitarras limpias y distorsionadas, entre riffs, solos y un cantante apurando la garganta. Punch tiene de sobras, pero aun así, le falta el carisma de los primeros cortes. La letra bebe del rock canalla de finales de los 90 y principios de milenio. Hoy venimos a morir continúa con La vida que ayer dibujé. Empieza en acústico, y transcurridos 20 segundos da paso al eléctrico. Cumlple la misma premisa que su predecesora. Tenemos un poco de todo, y con un resultado más que solvente, pero al final acaba dejando una sensación de de eso, de bueno (sí, reconozcamos que vamos a por nota). Canción con cierta apatía (tendencia bastante olvidada en este siglo XXI) por parte del protagonista. Éste se encuentra de frente con la suerte y entabla un diálogo con ella. Si Don Rodrigo hablaba con la muerte en Las coplas de Jorge Manrique, por qué no puede hacerse aquí con la suerte… La prosopopeya domina por completo la acción, que escarba en el optimismo en el estribillo (lástima del saldré-volaré-beberé).

   Tras regresar del monólogo interior, encontramos una partitura diferente a la racha iniciada en el corte ocho. Balta nos muestra su vertiente vocal más melancólica, pero sin caer en la desidia. La fortaleza de Castillo de cartón reside en los primeros compases (los lentos), con una cadencia muy particular. Inicio interesante y prometedor. Sin embargo, este efecto se diluye y no encontramos con un tema correcto, que no acaba de vestirse, ni con la continua compañía del teclado. De la aflicción pasamos al semblante duro de cabeza arriba y hombros rectos. Y si hay que soltar improperios, adelante con las armas. La dureza preside Regresar. Así, se expulsan el polvo acumulado y encaran las dos últimas pistas del álbum. Sorprende el amago de reggae entre la fauna de fieras guitarras. Cavafis estableció que lo importante es el camino. Aquí se intenta, y se vuelve a intentar, pero enterrar estigmas es más complicado de lo que parece. Réplica pesimista a La vida que ayer dibujé, con cameo de la suerte (al principio y al final). El círculo se cierra.

   Hoy venimos a morir parece baja la persiana en plan intimista, pero es rotundamente falso, pues sólo es un lapso para cargar las tintas y enchufar distorsión a las cuerdas. Esta noche lleva tralla, y metal, el suficiente como para reventar el disco. La despedida te golpea cuando no te lo esperas, te envenena y te lleva a su terreno. Aquí sí se consigue disfrutar del camino y hacemos noche en el rocanrol. Estamos “a gusto”. Gran broche.

   Conseguido. La Desbandada tenía entre manos uno de los exámenes más duros por los que ha de pasar todo grupo que consigue un primer disco de nivel, ratificar que lo conseguido surge de la calidad y no de la fortuna. Hoy venimos a morir es un golpe autoridad en toda regla, y deja claro que los cuatro de El Vendrell están llamados a hacer algo grande en el rocanrol. Todos los temas pasan el corte con nota, sobre todo los pertenecientes a la primera mitad. Bien es cierto que encontramos un valle en las canciones 7, 8 y 9, pero éstas rentan bien y el álbum es suficientemente rico como para no sentirse afectado. Disco y grupo, imprescindibles del rock urbano.

Hoy venimos a morir (2016)

  1. Cuerdas y alambres
  2. Sacos de soledad
  3. Hace tiempo
  4. Hoy venimos a morir
  5. La hoguera
  6. Demasiado tarde
  7. Hoy tengo el alma al revés
  8. La vida que ayer dibujé
  9. Castillo de cartón
  10. Regresar
  11. Esta noche
SABICIO

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2 comentarios el “Crítica ‘Hoy venimos a morir’ [La Desbandada]

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Esta entrada fue publicada en 25/02/2016 por en Música, Reseña/Crítica y etiquetada con , .
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