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Crítica ‘La última vez que te escucho’ [Mafalda]

Mafalda publica su tercer trabajo, La última vez que te escucho. Magnífico disco para refrendar la calidad de un grupo a alza.

Mafalda La ultima vez que te escucho   El primer disco, Música basura, pasó desapercibido; el segundo, Nos deben una vida, supuso un golpe encima de la mesa; y el tercero es una lección de música. Mafalda publica La última vez que te escucho (Rock CD Records), 15 canciones grabadas en LR Estudios de Valencia bajo la supervisión de Ángel Vela. Entre la avalancha de grupos que mezclan estilos, el grupo del mediterráneo merece un epígrafe aparte. Qué manera de componer.

   El disco empieza con un pregón en boca de Jordi Garcia Vilar. Éste apela a la conciencia del receptor durante dos minutos; tal vez demasiado tiempo. El “levantaos” capta tu atención, con el “filete” frunces el ceño y “la mosca” te distrae de cualquier contenido mínimamente certero. No obstante, sólo es el inicio, minucias al lado de lo que nos espera. Asumiendo todo el miedo nos mete en harina, poco a poco. Guitarra, bombo y Marcos. Nada más. Un minuto. Transcurrido éste, se abre la despensa de la música. Nos encontramos un protohardcore que alterna con otros géneros musicales como el punk, el reggae y el rock and roll. Suena potente e incluso amenazador. Sólo se esconde en la dulzura cuando toma el mando del micrófono Carles, de Smoking Soul. Marcos y Vera le preparan el terreno los segundos previos.

   Un grupo que utiliza el femenino para expresarse no podía empezar de otra manera que defendiendo el papel de la mujer. Ahora bien, no se centra en el típico discurso del punk rock, el maltrato, sino que denuncia la trata de blancas. También observamos una característica fundamental de las obras de Mafalda, que es dar de sí los límites de la temática y recoger conceptos colindantes. Así, el corte da bandazos que recogen hechos como la prostitución, el machismo y el limbo laboral (no sin cierta dosis de sarcasmo).

   DeConStrucciÓn se inicia dos voces: Marcos y Vera. La complicidad que consiguen el dueto titular es una maravilla. Hay chispa intelectual tras los micrófonos y se transmite en el corte. No dejamos de lado el hardcore, pero en esta ocasión se apuntala con un buen surtido de vientos, eléctricas y ritmos balcánicos. Hasta se dejan caer por la esfera fiestera Trashtucada. La pista nos deja entrar en el día a día de un C.S.O (Centro Social Okupado), pero no desde el punto de vista habitual (véase desahucios, expropiación popular y modus vivendi), sino que Mafalda hace énfasis en la valiosa estructura cultural que se crea entorno a ellos: espacio cultural, autogestión, aprendizaje… Una vez más, ocupamos los laterales de la cuestión, como son las pelotas de goma, la ley mordaza y la política de votos.

Mafalda

Mario, Berto, Antoni, Vera, Marcos, Bárbara, Antonio ‘Vime’, Vicent y Jorge //FOTO: Mafalda

   El siguiente tema es Bam bam, la que a mi juicio debería haber sido el single de La última vez que te escucho. Los cuatro minutos que dura se pueden dividir en dos partes. La primera explota el juego melódico que ofrecen Vera, Bárbara y Marcos. Genial. Prima el rock and roll y va de más a menos intensidad, ya que nos deja en un punto de mínima expresión musical. Señal de que algo pasará. Y efectivamente, los minutos postreros el corte se viene arriba de forma magnífica. No revienta, pero ponen sobre la mesa la dosis moderada de punkcore idónea para dejar un regusto delicioso. Aun así, complicado elegir entre la primera parte y la segunda. Bam bam nos habla de la posibilidad de marchar fuera del país. y digo “posibilidad” porque en boca de Vera se plantea así: “me quedo y lo reconstruyo o mando a tomar por culo”. Interesante punto de partida, pues -a priori- lo que supone inmovilismo (quedarse) pasa a ser sacrificio, y el sacrificio de marchar se torna indiferencia, o “autogestión”.

   De ahí pasamos a otra de las grandes pistas del álbum, Agua negra. El corte contiene la mezcla más extraña de La última vez que te escucho. Se mueve entre ritmos latinos y el metal. En sí, una muestra de lo que es capaz de hacer Mafalda. Los amantes de un género y otro encontrarán aquí una parada donde hacer migas. Destacamos las cuerdas, ya sean cuatro o seis. Ambas pistas se yuxtaponen y alternan marcando el paso de un estilo a otro. También ayudan los samplers de fondo. Los cambios construyen un castillo de naipes original y fantástico que suma puntos a cada minuto. Cinco fases -5 minutos- de música en mayúsculas. Y si resulta original la partitura, mucho más lo es la letra. Contaminación del aire, del agua, empeoramiento de la salud, alteraciones del paisaje… cera al ejercicio capitalista por los efectos medioambientales que ocasiona. Dicho así no pasaría de ser un tema más sobre medioambiente, pero Mafalda introduce la variante del fracking y una cuestión todavía más importante: qué hacer para no colaborar. Puede parecer una tontería, pero en absoluto. ¿Cómo actuar cuando el mal está institucionalizado? Como punto en contra, el “relaja la raja”. A favor de frases y rimas populares, pero hay límites.

Mafalda logo   En un cambio radical de estilo sentamos nuestras posaderas en el sillón del rap, con Acción directa musical 2.0. Pero nada de florituras reggaecore que atenúen el resultado, rap puro y duro. Base fanfarrona y a lo mollar. Marcos no es un MC, pero no se nota en absoluto, ya que apenas pierde el flow. Solventa la papeleta de sobras, y gana todavía más en los fragmentos melódicos, donde se resguarda en el coro. En cuanto a la letra, trata el tema de la industria musical. Mafalda entiende la música como una herramienta con la que cambiar el mundo; hay que ser consciente del potencial que manejamos. Entre las pistas más sencillas del disco tenemos Su ley. Final potente, pero tiende a la normalidad en cuanto al género. Destaca de forma intensa la línea de bajo durante los primeros compases. El protagonista indiscutible de la canción es Alfon, joven condenado a 4 años de prisión por tenencia de explosivos. Poco se puede decir que no se haya escrito sobre el caso: ¿Acusaciones falsas? ¿Vulneración de los derechos? ¿Cabeza de turco? Para Mafalda, preguntas retóricas.

   Absurdas, pero necesarias empieza con sencillez, en plan vintage americano. Marcos, el coro femenino y la instrumentación se suman rápido, pero sin exhibicionismos; todo muy orquestal, elegante, pausado, como pidiendo un baile lento. La cosa encaja, el encantamiento bajo el mar despliega todo su papel maché. Y tras el “nada”, todo. El corte crece de forma brutal y asoma uno de los grandes temas del álbum, por el juego de voces entre melismas y vibratos, por el trajín de melodías y por el contenido. Es la pista que saca mayor partido a la alternancia de Marcos y Vera, aunque cabe reconocer que ella lo rompe, porque tiene una irrupción colosal y se desenvuelve de maravilla cuando la máquina está a tope de madera. La melodía, por su parte, sabe demandar rabia, reposar el verso y acelerar el corazón. Bajo, vientos, batería… todo es perfecto. Y qué decir del mensaje. Pocos grupos tan jóvenes transmiten tan bien el choque entre la esfera personal y la esfera social, pocos reflejan tan acertadamente la condición del individuo como ente que evoluciona y a la vez es independiente de su alrededor, el mismo al que no le puede ni le debe dar la espalda. Cada verso merece un segundo para la reflexión. No es absurda, pero sí necesaria.

   El segundo bloque del disco es un tanto ecléctica. Para empezar, Mafalda dedica el minuto de Dama de hierro a recordar la muerte de Margatet Thatcher, “de vieja, y no de un pum en la cabeza”. Es corta, pero llena de mala leche. Y el estilo juglaresco le añade todavía más. Le sigue La llorona, el single. Compleja pista que requiere detenerse con paciencia para extraerle todo el zumo. Y es que seis minutos dan para mucho, y más con Mafalda. Empieza a ritmo de swing, chasquidos de dedos incluidos. Gorgoritos y cuenta atrás cual nana de Freddy Krueger. Ahí empieza la fiesta: entran las trompetas, guitarras y se monta la gorda/lucha. Uno tiene la sensación de que el tema empieza por el final, porque tras el inicio arrebatador se serenan los ánimos y la letra se desarrolla con cierto relajo. Nos encontramos a medio camino, con las armas cargadas y ganas de revancha. Nos pintan la cara, dejamos los mantras y vamos a por más. Entran la distorsión y la batería retumba. ¡Redoble de caja y swing otra vez! Conexión con Argentina y entra Sara Hebe. Presenta un timbre diferente que sienta muy bien al conjunto, aunque los versos de la rapera no estén a la altura. Finalmente, arranca la fiesta y nos deja exhaustos. Tema que aboga por la liberación de la mujer y critica la estructura patriarcal de la sociedad.

Mafalda camisetas

El dinero del merchand será donado a organizaciones no lucrativas //FOTO: Mafalda

   Diablo gris es oscura; las líneas de bajo iniciales así lo advierten. Asimismo, se debate entre un sonido metalero algo abrupto y un funky de contención. Pista dura que no rinde al mismo nivel que el resto de canciones, básicamente por su carácter purista. Nos habla de la privatización del agua en la localidad chilena de Copiapó, o cómo la zona se está secando debido a la falta de control del Estado. De ahí viajamos a otros países donde el expolio a los más desfavorecidos es continuo. A escasos 15 minutos del final, Vals en Re Menor. Para los bien pensados, se equivocan, porque sí es un vals. Con dos cojones. Como en El fantasma de la ópera, se combinan elementos de misterio, terror y tragedia.

   En el corte número 13, Libre y salvaje, colabora Óskar Bitxo Malo, de Dremen. Pero en ningún caso nos adentramos en el Dubstep, el Drum and Bass o el Moombacore; nos limitamos a sonido maldafero. Y si cabe, un poco más intenso, más próximo a Narco que a Dremen. Sin embargo, lo que llama la atención es el contenido, circundando varios aspectos de la vida. Una vez más, recopilamos momentos y situaciones: pueblos oprimidos, organizaciones crueles, tercer mundo, dobles raseros, banalidades del primer mundo… La última canción en castellano es La era de la manzana. Si hemos estado hablando de manera salpicada del bajo, aquí completa su actuación. A su vez, contamos con la penúltima colaboración, MARS (Habeas Corpus), quien completa un dúo magnífico con Vera. Cambios de ritmo radicales que nos zarandean del chill al hardcore más impetuoso. Un guantazo instrumental tan sorprendente como cromático. Deja versos fantásticos que revientan la otra mejilla a una sociedad banal, insulsa y consciente de que los problemas que atormentan “no son serios de verdad”.

   La última vez que te escucho se despide con un popurrí (Nº 4) de la mano de Paula Yanomami, ex miembro de grupo (segunda voz antes de entrar Bárbara). Detalle romántico. Reggae, funky, música caribeña… lo que se dice un popurrí.

   La última vez que te escucho marca un antes y un después en la historia de Mafalda. Quizá le sobren unos minutos (superar la hora es arriesgado, y más en estos años que corren), pero no cabe duda de que se sitúa directamente entre los imprescindibles de 2016. Álbum sobresaliente. La mezcla de géneros es exquisita, los recursos brillantes y el trabajo de campo muy por encima de lo que hay en la calle. Y es que el grupo, considerado a sí mismo como un proyecto político, no toma decisiones en vano; sabe lo que quiere decir, cómo lo quiere decir y apuesta 100% por la coherencia. Así, consigue humanizar la música y le da un sentido a cada fragmento del disco. En consecuencia, La última vez que te escucho coloca al grupo entre los grandes del rock estatal. No te pierdas a Mafalda porque te arrepentirás.

La última vez que te escucho (2016)

  1. Intro
  2. Asumiendo todo el miedo
  3. DeConStrucciÓn
  4. Bam bam
  5. Agua negra
  6. Acción directa musical 2.0
  7. Su ley
  8. Absurdas, pero necesarias
  9. Dama de hierro
  10. La llorona
  11. Diablo gris
  12. Vals en Re Menor
  13. Libre y salvaje
  14. La era de la manzana
  15. Popurrí (Nº4)
SABICIO

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Esta entrada fue publicada en 10/03/2016 por en Música, Reseña/Crítica y etiquetada con , , , .
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