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Crítica ‘Entre poetas y presos’ [La Raíz]

La Raíz es la banda del momento y la que más futuro atesora. Tienen nuevo disco, Entre poetas y presos. Lo desgrano.

La Raíz, Entre poetas y presos, disco, grupo, banda   Son el grupo del momento, y no como algo pasajero, sino con miras a un futuro lejano. Es más, La Raíz tiene pinta de marcar un antes y una después en la escena de la música estatal. Actualmente son noticia -siempre lo son- porque la banda publica su quinto trabajo, Entre poetas y presos (Propaganda pel fet). El álbum compila doce canciones con una línea semejante a la de su anterior obra, Así en el cielo como en la selva. El compacto ha sido grabado en RPM estudios y no tiene desperdicio. Saquemos el ábaco y sumemos pros y contras.

   Vuelven a la práctica de la intro (Las miserias de sus crímenes). Pero no como en su primer álbum, Guerra al silencio, donde encontrábamos una previa instrumental, sino que en este caso el grupo ha optado por dar relevancia al texto. El cambio es notable, y cabe señalar que la solemnidad resulta suprema. La encargada de declamar es María Medina ‘la Morronga’, hija de preso político. El poema, carcelario, pone los pelos de punta, y no tanto por el contenido como por el efecto de la voz femenina, sublime. Un minuto y medio que en absoluto se hace llargo. Entre poetas y presos empieza por los presos. ¿O por la conciliación de ambas vertientes?

   Tras la introducción, entramos de lleno en el material que La Raíz tiene preparado para nosotros. Entre poetas y presos es el título del disco y del primer corte. Lo reventará en directo, está claro, ya que tiene todo lo que caracteriza al grupo. Encontramos a Pablo como voz principal y oímos al resto de voces parapetadas en él. Por otro lado, la melodía nos da ese sube y baja que tantos réditos da y que confiere al grupo una capacidad soberbia para escalar peldaños hasta la extenuación. Y reconozcámoslo, no sólo en directo, ocurre lo mismo con el formato mp3. Finalmente, señalar que apela al colectivo, lo que a su vez potencia los factores anteriores. No importa que la canción aborde el tema la memoria histórica (al público de La Raíz les cae ya muy lejos), porque el grupo lo presenta como algo próximo. Y quizá eso sea lo más complicado. Aquí La Raíz se apunta el primer tanto. Asimismo, el coro de la milicia, además de entroncar con Suya mi guerra, resulta satisfactoriamente efectista.

   De ahí damos el salto a Rueda la corona, que empieza con Pablo y un bajo. Es el single, el videoclip, la cara visible hasta la fecha del disco. Tres voces, el mencionado Pablo ,Sen-K y Pancho. El primero pone la base, el segundo acelera el ritmo y el tercero aporta la fuerza para que el tema gane robustez. Mención especial para Sen-K. Es increíble cómo ha crecido este chico abordo de La Raíz. Quizá sea el cantante, de los cuatro posibles, que más se aleja de su estilo, pero cumple de manera soberbia. Y parece disfrutar como el que más (también es el que mejores aptitudes muestra para la interpretación, gran comicidad). Como sucedía con el primer tema, volvemos a la fórmula del subidón, aunque aquí encontramos un estribillo más potente, más rockero. Dejamos el mestizaje un poco de lado y se introduce el factor scratch. El grupo utiliza la figura del ajedrez para trasladar su deseo de sangre. Los peones avanzan de casilla en casilla (pasito a pasito), pero son más, y oye, “los reyes no ganas el juego”.

La Raíz, Entre poetas y presos, disco, grupo, banda

(arriba) Josep ‘Pancho’, Adri, Xavi, Pablo, Carles, Edu y Felipe; (abajo) Julio Maloa, Sen-k, Jim y Jano // FOTO: La Raíz

   A partir del corte número cuatro se incursiona en los ritmos latinos. La primera pista de este estilo, Por favor, todavía se mantiene en un punto fronterizo, pues la empresa hace equilibrios en la cuerda floja con el ska. Julio Maloa, cómo no, adquiere el protagonismo que no tenía en pistas anteriores. También encontramos un gusto preferencial por los vientos, trombón al principio y trompeta hacia el final. Un estribillo alegre y una compañía femenina deliciosa rematan la canción. Rebeldía ciudadana. O la mordaza autoimpuesta. De eso nos habla el tema. Ahora bien, mientras la mayoría de grupos narran una lucha en las calles casi violenta, La Raíz apuesta por un hecho mucho más sencillo y fundamental: si tienes que decir algo, no lo dejes dentro, “que no te pare el miedo, díselo, que es mejor que el terror del silencio”. Eso sí, átate las zapatilla por si hay que patear. Una visión bastante más realista de lo habitual.

   El cambio de track sí que nos mete de lleno en otro continente. Cumbia, ni más ni menos. Ritmos calientes y bailables en De piedra tu cuerpo, para relajar el cuerpo, pero no la mente. Maloa, Pancho y Pablo guían el corte. La Raíz ya nos tiene acostumbrados a tocar música latina, pero no por eso debemos dejar de reparar en ello con el ahínco que merece. Y es que asistimos a un circuito cada vez más inundado de todo tipo de influencias, pero la mayoría de veces desde la vertiente festiva o la más absoluta banalidad. El grupo de Gandía se sirve de todo tipo de géneros, pero a su vez inocula la sensibilidad por otras culturas y realidades. Esto merece estar en la lista del haber, desde luego, así que la formación se apunta su segundo tanto. En este caso estamos ante un tema romántico, que todo y ser lo que es, nos deja de entrever un trasfondo hasta combativo con el medio y el paso del tiempo.

La Raíz, Entre poetas y presos, disco, grupo, banda   Y después de probar el almíbar, el grupo nos devuelve a la realidad enérgica que lo sustenta. Nos volveremos a ver. No obstante, un tema cargado de nostalgia, aunque ésta no asome en un primer contacto. Nos volveremos a ver arranca con potencia, por los raíles de los metales y la batería. Junto a las dos primeras pistas, encantará al público, pues parece la más sentida y sobre todo la más terrenal, la más cercana. ¿Cuántos se fueron y ahora ven el mundo desde la lejanía? ¿Significa eso el olvido? Para los exiliados va esta carta en forma de canción absolutamente vitalista y épica.

   En la frontera entre los primeros minutos y los postreros tenemos Muérdeles. No es la más festiva, tampoco la más impetuosa, ni siquiera está entre las cinco mejores, pero tiene algo especial. No te coge por las solapas, te acompaña con suavidad hasta la desobediencia, poco a poco, sin ataduras. Quizá sea la manera en que apela al animal que llevamos dentro, al león (no es la primera vez que el grupo recurre a ese animal como icono de rebeldía) y a sus instintos. El noventa por ciento de la canción es un rap bastante marcado (por Pancho), motivo por el cual no sería de extrañar que saliese mal parada entre el seguidor medio. Aun así, el estribillo es muy melódico. No deja de tratar un tema tan explotado en el último lustro (posiblemente haya derivado en cliché) como es la unión del pueblo en pro de la libertad, aunque en boca de La Raíz todo parece más veraz (es lo que tiene crecer año tras año).

   El mercurio apuesta por la belleza de la desnudez, es un caramelo musical de cuatro minutos que una vez pierde el envoltorio sorprende con capas y capas de sabores. Guitarra clásica, tambores (caja) de avanzadilla, coros… elementos despojados de artificios que consiguen el resultado más orgánico de todo este Entre poetas y presos. El contenido también se nos presenta intimista, pues nos lleva por el camino de arena y adoquines recorrido por la banda, desde la primera parada al éxito incipiente del grupo (incipiente porque todavía no se sabe dónde está el límite). Hasta ellos se sorprenden del resultado. La pasión se convierte en un acto mágico.

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Primera entrada de La Raíz en Valencia, 2008 // FOTO: La Raíz

   Y del exquisito valle a los metales western. Una selva asesina se sitúa a medio camino entre los los temas más intensos y los momentos reposados. No hablamos de un tema de relleno pero es probable que el tiempo la relegue a la cara B del grupo (ya querrían muchas bandas tener una cara B como la que atesora La Raíz). No es la primera vez que el grupo sale en defensa de pueblos o Estados oprimidos por el gigante americano, pero en este caso tiramos de la mejor defensa, un buen ataque; en especial a su idiosincrasia, la que les hace creer que el resto del mundo está contra ellos. Plantea una premisa básica, EE. UU. sigue con esa mentalidad de nosotros somos los vaqueros y tratamos al resto como a indios; todo bajo la bandera del patriotismo. La verdad es que es el tema entronca bastante con la actitud punk rock. Ahora bien, no encontramos una colaboración del género en cuestión, sino a Ángel Lara ‘Ruso’, de la banda madrileña -extinta- de Hechos contra el decoro. Como curiosidad, el juego del título (USA), anécdota naïf.

   Seguimos con la -posiblemente- peor canción de Entre poetas y presos, aunque eso no signifique falta de calidad. El circo de la pena no muestra una fuerza desmedida en la melodía, por lo que recurriríamos a otras piezas; si apelamos al perfil lento, encontramos otros cortes más brillantes con los que deleitarnos. Aun así, buen trabajo en la voces: Pablo, Sen-K y Julio. Destaca, eso sí, en la letra, bastante personal para la banda. No sitúa en un circo, paradigma de la vida nómada, y reflexiona sobre cuanto le rodea: quizá el circo se encuentre en lo que se observa, y no tanto en casa. Paralelismo claro con un grupo de música.

   El corte número once, Radio clandestina, es un ska bastante disimulado, en especial por su perfil bajo: las cuatro cuerdas y la trompeta, que lo acercan al reggae. Dos escenarios, la cárcel y el pueblo, y entre ambos se crea una conexión “clandestina”. Cuentan la intrahistoria. La Raíz nos encierra entre barrotes para transmitir la idea de cultura -sobre todo la música- como método de resistencia, como legado de la verdad y como forma de mantener despierto el sentimiento de ilusión.

   Entre poetas y presos echa el cierre con La hoguera de los continentes, una comunión tribal de culturas (reflejada en el videoclip) que se maneja entre la dulzura de la melodía y la multitud de voces, las mismas que no hacen otra cosa que difuminar cualquier frontera geográfica, económica o cultural.

   La Raíz mantenía aún vivos los cartuchos de sus anteriores trabajos y ahora llega Entre presos y poetas, otro gran disco que acrecentará el valor de los valencianos. El compacto alberga cinco o seis temas que encajarán de fábula en el repertorio y otros tantos que se quedarán para disfrutar en el reproductor, y no por falta de nivel, sino por una cuestión de espacio. El grupo ha apostado en esta ocasión por dar relieve a la pausa y rebajar el espíritu alegre y cañero de Así en el cielo como en la selva, todavía la obra magna del grupo. Aun así, completan un compendio de temáticas de los más completos del género. Falta que no caiga en saco roto entre un público considerablemente joven.

Entre poetas y presos (2016)

  1. Las miserias de sus crímenes
  2. Entre poetas y presos
  3. Rueda la corona
  4. Por favor
  5. De piedra tu cuerpo
  6. Nos volveremos a ver
  7. Muérdeles
  8. El mercurio
  9. Una selva asesina
  10. El circo de la pena
  11. Radio clandestina
  12. La hoguera de los continentes
SABICIO

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Esta entrada fue publicada en 19/05/2016 por en Música, Reseña/Crítica y etiquetada con , , , .
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