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Reflexión y documentación del rock en español.

Crítica ‘El fin de la diplomacia’ [Malos Vicios]

Malos Vicios celebran su 25 aniversario con un disco de estudio, El fin de la diplomacia. Vuelven más duros que nunca.

malos-vicios, el-fin-de-la-diplomacia, rock estatal   Malos Vicios cumple 25 años en la brecha con un nuevo disco de estudio, El fin de la diplomacia (Rock Estatal Records). Todavía no se había agotado el tirón de Ruido de fondo y la siguiente remesa de los de Castellón ya asoma por la puerta. El presente disco ha sido grabado mezclado y masterizado por Alberto Sales en los estudios Rocketes en Castellón de la Plana (Castellón), y ofrece once cortes que repasan la actualidad estatal desde sus múltiples vertientes. ¿Esto es bueno? Vamos a ello.

   Como la mayoría de discos modernos, El fin de la diplomacia dispone de introducción, que además se ve inserta dentro del primer corte. La intro la componen la melodía de El Padrino de fondo, unas palabras de Rajoy (una de sus tantas meteduras de pata) y un ‘speech‘ de Batman. La Leyenda renace. La mezcla ya adelanta de qué va la cosa: mafias, gobierno y rebeldía. Entrados de lleno en el primer corte, El fin de la diplomacia (sí, lleva el nombre del disco), notamos que el material se viene arriba muy muy rápido. Un riff poderoso e intenso nos da la bienvenida. Empezamos de la mejor manera posible. La melodía es ágil, como acostumbran a lucir las composiciones de Malos Vicios, aunque en este caso parece que la batería cobra más importancia. El estribillo, una vez más, encaja a las mil maravillas. En esencia, el tema no da concesión alguna. La letra es un grito de rebeldía frente al panorama político. Tarjetas black, puertas giratorias, paraísos fiscales… no se centra en nada concreto, sino que viaja de un punto a otro, a vista de pájaro, para recalcar que es la hora de hincar el diente.

   De ahí pasamos a Vergüenza sin fronteras, un tema que frena en cierta medida la energía impresa al inicio. Asistimos a un punk rock más básico, en el que se apuesta más por el contenido que por la forma. Durante sus tres minutos encontramos más de tres y más de cuatro cambios de ritmo, aunque su fuerza reside en el trabajo vocal de Víctor. Malos Vicios nos acerca a los miles de migrantes que abandonan su casa para sobrevivir y a cómo se dan de morros contra la Europa más cruel y ruin posible: la del muro, la del lodo y la del sofá, porque desde ahí vemos los demás es espeluznante espectáculo. Es un zasca al primer mundo y también a cada uno de nosotros. En este caso, el cuarteto recupera una imagen que forma parte del imaginario europeo, la estampa de Aylan Kurdi muerto en la playa de Turquía.

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Raúl, Víctor, Juanan y Tena // FOTO: Malos Vicios

   Algo más contundente resulta Cuervos. Volvemos a oír esa batería de cuerpo denso. Y es que el grupo ha cambiado sutilmente el sonido. El fin de la diplomacia guarda un trasfondo hardcore que sienta realmente bien. En sí, no deja de ser una evolución natural en el punk rock actual, y más después de una trayectoria longeva. La música se endurece, y Malos Vicios también. Cuervos tiene empaque, primero por el fraseo impecable, segundo por un estribillo que se acopla a la perfección y tercero porque crece recia a medida que corren los segundos. Podríamos decir que carga contra la iglesia, pero en realidad fija su ira en los curas que abusan de niños. Ellos son los cuervos, los de negro, los “clavos de mi ataúd”. Los versos no dejan hilo sin puntada.

   De religión sí nos habla Asha. Volvemos a los tempos rápidos, aunque las guitarras se ven sofocadas por el tañer de la batería, que marca el noventa por ciento de la melodía. Ahora bien, el diez restante no desmerece en absoluto, sobre todo en la segunda incursión, donde las guitarras se doblan de manera magnífica. Las prácticas islámicas son el pistoletazo de salida, la aptitud del resto de religiones el camino empedrado y la figura de la mujer una meta presente en todo momento. En otras palabras, aunque los versos iniciales parezcan una crítica hacia el trato de la mujer en el islam, es un ajuste de cuentas a todas las religiones, pues todas son iguales y están cortadas por el mismo rasero. Dioses…

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Victoret dejó la banda en agosto de 2016 //FOTO: Malos Vicios

   El corte cinco, Parásito, tiene hechuras de gran tema y marca una escalada de nivel. Por un lado, se sumerge en la oscuridad del bajo y, por otro, mantiene el ritmo y la garra. Además, pone sobre la mesa esa forma rabiosa y sufrida de hacer canciones que tiene Malos Vicios, algo especial que cala hasta lo que sea que conforme el tuétano. Estas formas, únicas, son las que le confieren a un tema tan trillado como la violencia de género un carácter particular y diferente. Tenemos morados, miedo y palizas, pero saben diferente. Y es que si antes recogíamos la religión de tema a tema, ahora arrastramos el tema de la mujer.

   Superada la mitad de la lista tenemos El rey del carnaval, un paso más hacia la cima de El fin de la diplomacia. (Y debo reconocer que me jode, porque me parece de juzgado que un temazo como éste tenga al monarca como protagonista. No se lo ha ganado.) Malos Vicios muestra una de esas cosas que -a mi modo de ver- sólo saben hacer ellos, que es cambiar cuatro cosas y sonar a algo radicalmente diferente. No es más rápido, no hay más instrumentos, ni colaboraciones, sólo es un clic interior que cambiar el color de todo. Tenemos un fraseo parapetado en una melodía constante que explota en un estribillo con mucho nervio. Como en la pista anterior, el bajo adquiere importancia, aunque acompañado en todo momento de las baquetas, que a la mínima desatascan la partitura. La letra une dos esferas absolutamente paralelas y diferenciadas: el pueblo y la corona. Y lo hace con un trasfondo pesimo-optimista, pues asume la miseria del vertedero-pueblo con la certeza de que caerá la pieza icónica del tablero.

   En la posición número siete tenemos Las migajas del plato, una de las joyas de El fin de la diplomacia. Ya dije que esto subía. Pues bien, estamos en lo más alto de la montaña. La melodía está plagada de giros, y todos los instrumentos tienen su momento y un rincón donde brillar con sonido propio. En sí, se plantea un engranaje que desde el primer segundo no cede ni un ápice de energía. Nada es contingente. Las guitarras preparan los raíles, la batería guia el corte y, finalmente, la voz de Víctor funciona como el foco para iluminar un tema en mayúsculas. Asimismo, presenta el mejor estribillo del disco, tanto que posee la fuerza suficiente como para que el resto de versos mantengan el brío hasta la siguiente embestida. Y no quiero dejar de destacar una reflexión de esta pista: los culpables somos nosotros. Puede parecer una tontería, pero el punk rock no está acostumbrado a ello, es un género más acostumbrado a señalar y a excusarse (algo de eso también hay). No está de más entonar de vez en cuando el ‘mea culpa‘, aunque sólo sea para entender que nos mojamos porque escupimos hacia arriba.

malos-vicios, el-fin-de-la-diplomacia, rock estatal   Tras llegar a lo más alto no queda otra que bajar un poco. Obvio. Aunque tampoco mucho. Dentro del espejo viste un sonido más pesado, y se nota en la voz del cantante, ligeramente gutural, y sobre todo en las cuerdas. La batería, por su parte, mantiene el tono rudo y grueso. Hay un solo muy rockero, pero quizá sea una pista que no luzca tanto como las demás. Aun así, mantiene el carácter de El fin de la diplomacia. Siguiendo con la crítica al individuo, Malos Vicios pone el foco en el uso que éste hace de las redes sociales. Ya cabe señalar que no se posiciona radicalmente en contra de ellas, sino que echa en cara al individuo que la mayoría de veces prefiera mostrar una vida idílica, falsa y sin criterio moral.

   A escasos minutos del final del álbum escuchamos Tauronecios. Es la pista más coral, en especial por la presencia de unos coros que constantemente saltan al primer plano. Además, en ocasiones se convierte en la pista más rápida del compacto. Y digo en ocasiones porque la melodía se debate entre la velocidad del verso y un estribillo más lento y marcado. En cuanto al contenido, el título ya nos indica por dónde van los tiros: brutalidad, tradición, tortura… Un territorio demasiado común para que pueda sorprender, y más si se tiene que pegar con temas como Cervatillo. Pellizca más que sacude, por lo que no sería de extrañar que con el tiempo cayese del repertorio.

   Le sigue Santa Rita. No hacen falta más referencias sobre el personaje. El grupo hace un repaso por las prácticas de una de los políticos más cancerígenos de panorama estatal. Casi como deshomenaje póstumo, las tretas de la susodicha sirven como muestra extrapolable al resto de sus compañeros de profesión. Y es que a pesar de tener un título tan personificado, el corte no deja de ser una crítica al género político. La melodía quizá sea lo menos destacable, pues se nos presenta un punk rock melódico formal y estándar. Por último, el disco cierra con una de esas canciones que se afianzará al ‘setlist‘ con tanta modestia como firmeza, Ligero de equipaje. La melodía es machacona, pero esto apenas se percibe gracias al excelente trabajo de Víctor al micrófono. Hay rabia, pero ello sólo es un tatuaje sobre una piel humilde y tierna. El fin de la diplomacia se despide con el sello Malos Vicios, punk rock que reflexiona y verbaliza los actos de uno mismo. Otra maravilla.

   El fin de la diplomacia apareció en junio. Mal. Por si fuera poco, lo hizo de repente, sin darse mucha importancia a sí mismo. Error. Pero es que además la gira tendrá lugar al año siguiente de su aparición. Extraño. El contexto no es el más apropiado, pero siempre queda la música. Y es que Malos Vicios convence de nuevo. Aunque tampoco es de extrañar. La banda es de las pocas en el territorio que cuenta con un cien por cien de tino en sus obras. Bien es cierto que El fin de la diplomacia no es el mejor trabajo del grupo (lo que hay a sus espaldas es muy grande), pero sabe mantener el nivel y supone un paso importante. El disco desprende a ratos un sonido diferente, más contundente, lo que es indicio de que Malos Vicios no se detiene y explora nuevos caminos acordes a los tiempos que corren. En esta ocasión, han optado por dar importancia a la realidad política y social más palpable, y eso le resta frescura al compaco, que pierde piel. Aun así, se presenta como otra obra imprescindible del punk rock.

El fin de la diplomacia (2016)

  1. El fin de la diplomacia
  2. Vergüenza sin fronteras
  3. Cuervos
  4. Asha
  5. Parásito
  6. El rey del carnaval
  7. Las migajas del plato
  8. Dentro del espejo
  9. Tauronecios
  10. Santa Rita
  11. Ligero de equipaje.
SABICIO

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Un comentario el “Crítica ‘El fin de la diplomacia’ [Malos Vicios]

  1. azorka
    30/07/2017

    es un disco KOJONUDO, lo dice un viejo rockero ..

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Esta entrada fue publicada en 19/01/2017 por en Música, Reseña/Crítica y etiquetada con , .
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