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Crítica ‘Cristales rotos’ [Manifa]

 

Manifa consigue llegar a lo más alto del punk rock con Cristales rotos, el principio de todo.

Manifa - Cristales rotosManifa lleva un tiempo (desde 2003) dando punk rock a todo aquel que se asome al género, pero su último compacto, Cristales rotos (Ruido del bueno), es la obra que consagra a sus integrantes como una banda de punk rock puntera, e incluso tal vez como la heredera natural de la escuela Evaristo Páramos. El disco, grabado, mezclado y masterizado en Bizkaia por Marpe (guitarrista), ofrece doce cortes con tantas verdades como dosis de pesimismo constructivo.

Cristales rotos se inicia con Tienes derecho, un tema que tira mucho de guitarras. Es sencillo, sí, como la lírica, donde domina descaradamente la anáfora, pero se presenta como una piedra de toque genial con la que abrir boca. No es el mejor tema, pero es una muestra de lo que está en camino, y este es cuesta abajo. En cuanto al contenido, es una enumeración de los derechos del ciudadano, o mejor dicho, de las vejaciones a las que éste tiene derecho.

Le sigue Generación rendida, que se configura como un himno generacional, como una crónica de la década en que nos encontramos. Empieza tímida, pero rápido muestra un ejercicio tremendo de punk rock. No sólo cumple con la premisa de duración (apenas dos minutos y medio), sino que resulta francamente adictiva y -lo que es más importante- es una hostia en toda regla. Asimismo, Mena nos muestra sus mejores aptitudes al micrófono, muy en la línea del mejor Evaristo: transmite rabia, desprecio y sinceridad. “Toda mi generación, derrotada antes de luchar; firmaron la rendición a cambio de comodidad”… En ocasiones no es necesario el insulto para ofender, basta con las palabras adecuadas. Un tema imprescindible.

Puestos a hablar de canciones imprescindibles, también lo es Cristales rotos, el single que lleva el nombre del compacto (o que se lo da). Voz y bajo; guitarra y batería; coros y sirenas… cualquier fragmento de la composición es un motivo para dejarse llevar y volver a repetir. La pieza se vuelve un caos perfecto -mérito también de la producción- lleno de fuerza, la misma que reclama para la calles en forma de violencia. Estaba claro que este tema debía ser la carta de presentación, que tenía que disponer de videoclip, porque esta canción antisistema es, directamente, de recopilatorio.

Manifa banda

Marpe, Mena (arriba), Unax, Josu y Asier // FOTO: Manifa

Manifa demuestra su ironía con A las mariscadas, una reinterpretación cómica de la expresión “a las barricadas”. El tema, que podría parecer una coña sin más, esconde hechuras de gran composición, con un buen estribillo, distorsión en las guitarras y unos giros roqueros del guitarrista solista de un gusto magnífico. El tema, que recupera la crítica a la izquierda, se centra bastante en la lucha obrera y sobre todo en los sindicatos.

El tono cambia ligeramente con el corte número cinco, Superskin. Otras vez las guitarras marcan la diferencia, en este caso con un fabuloso repertorio de riffs. Durante el corte, los instrumentos se esmeran tanto que en ocasiones parece que asistimos a una composición electrónica artesanal. La voz de cantante también dispone de recursos, pero diferentes a los mostrados hasta el momento, ya que se presenta mucho más ruda y desafiante, sin florituras vocales. Ello nos deja al borde del hardcore. Como señala el título, el contenido nos acerca, de forma hostil, a ese movimiento urbano de la extrema derecha que se mueve en manada, siente apego por la violencia y tiene la cabeza hueca.

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A mitad de Cristales rotos llega Cuando ya no veas más, que recupera la idea de violencia callejera del single, aunque sobre una melodía algo machacona. Con un fraseo en ocasiones forzado y un estribillo acompañado de coros, los versos despachan una advertencia de lo que podríamos echar de menos en un futuro, lo que viene representado por símbolos de lo que se entiende como libertad: barricadas, piquetes y pintadas. Se podrían entender perfectamente como una especie de predistopía. De ahí saltamos a Al ataque, con unos mimbres semejantes a los de Superskin, aunque con un inicio con guiño cómico. Las cuerdas vuelven a ser duras y reincidentes, salvo en el solo. Mena, por su parte, destaca en el estribillo, con más garantías en directo que en estudio.

En Sin tetas no hay PParaíso, el corte ocho, Manifa apuesta por los cambios de ritmo. En sí, un tema completo que, salvo por la presencia de rimas sencillas, deja entrever un gran ingenio lírico (no precisamente en el título). Pista con gancho que vende bien el estribillo. Así llegamos a Sí pasarán, otra de las pistas destacadas de Cristales rotos. Posee bastante mala leche y configura una de las composiciones más sinceras y pesimistas del punk rock; un golpe de realidad en toda regla para todos aquellos que prodigan victorias y golpes en el pecho. Vuelve a recibir la clase obrera. Mena realiza un buen trabajo, transmitiendo pesar e ironía a partes iguales.

En un disco de punk rock, la temática religiosa es un clásico, y aquí no falta: En el nombre de Dios. No se ríe de la religión, sino que aborda la cuestión desde la reflexión. Quizá sea el corte con menos atractivo, con un estribillo correcto, unos coros sencillos y un final en que los instrumentos se desatan un poco. La penúltima acometida recibe el nombre de Moriré con las poses puestas, y es la más larga del álbum. La pista no da tregua, como mucho se permite descansar a ratos en el bajo. En este caso, recibe el mundo de rock; de no ser por el punto de rabia, podría estar firmada por Aris (Sin Propina). Por último, nos despedimos con La revolución del bar, tema que bien podría llamarse “el cuñao”. Es una pista alegre y, desde la vertiente del punk rock, hasta bailable, ya que luce bastante melódica. El disco cierra con una fiesta que se ceba en la derrota.

Cristales rotos es un disco crítico y pesimista, por mucho que recurra a la broma como vía de comunicación, y ello, aunque parezca mentira, resulta un soplo de aire fresco para el punk rock. En la actualidad, la mayoría de grupos (y por extensión, sus discos) llegan marcados por la dualidad entre la crítica y la arenga, un proceder que viene desgastando el producto y el mensaje. El compacto de Manifa, sin embargo, es ese niño que, con una sonrisa pícara y sin que te des cuenta, te muestra lo cruel que es el mundo. Parece dulce, pero esconde algo bárbaro.

Es verdad que las letras podrían pulirse un poco (el recurso del infinitivo y alguna rima con Dios que chirría bastante), pero, a grandes rasgos, rinden a buen nivel, llegando a picos muy notables. Asimismo, las melodías han mejorado ostensiblemente el trabajo de discos anteriores, dejando un trabajo bastante redondo. No se puede negar, Cristales rotos es un álbum fantástico que dará horas y horas de diversión en ráfagas de treinta minutos, y una excusa perfecta para pagar una entrada por Manifa. Si te gusta el punk rock, imprescindible.

Cristales rotos (2016)

  1. Tienes derecho
  2. Generación rendida
  3. Cristales rotos
  4. A las mariscadas
  5. Superskin
  6. Cuando ya no veas más
  7. Al ataque
  8. Sin tetas no hay PParaíso
  9. Sí pasarán
  10. En el nombre de Dios
  11. Moriré con las poses puestas
  12. La revolución del bar

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SABICIO

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Esta entrada fue publicada en 31/05/2018 por en Música, Reseña/Crítica y etiquetada con , .
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