ROCKTÁMBULO

Reflexión y documentación del rock en español.

El A cop de rock y la falta de experiencia

El A cop de rock puso mucho mimo en lo que sucedía en el escenario y dejó de lado al asistente.

H A-cop-de-rockan pasado quince días desde que se celebró el A cop de rock, y uno, tras estar allí dos días, ver decenas grupos y volverse habiéndolo dado todo, pierde la perspectiva de lo sucedido: ¿buena o mala organización? ¿cumplieron los grupos? ¿hubo errores? Quienes vivieron el evento en primera persona muy probablemente tengan una idea clara de lo acontecido, pero desde fuera la cosa puede resultar más difusa. Porque si atendemos a las redes sociales -dueñas del discurso desde el último minuto de festival-, existe una mezcla de problemas y buenismo bastante extraña.

Lo primero que sorprende es el halo de amistad que rodea al festival. Esto es fantástico, hay cariño, pero no deja de sorprender que finalice un evento de este tipo, con 1.600 personas, y los comentarios se centren en los organizadores (Jordi y Montse): “gracias por este gran esfuerzo”, “sois enormes”, “festival con mucho mimo y cariño”… Demasiado familiar. Ni qué decir de crónicas que empiezan alabando la labor profesional del equipo o el trato a terceros, por muy verdad que sea. Excusatio non petita, accusatio manifesta.

Esto, a mi modo de ver -desde la distancia-, responde a una intención de tapar los errores que se cometieron; un modo de atrincherarse que responde más a un exceso de corazón que a una cuestión de barrer la mierda debajo de la alfombra. Muy propio del rock: si es ajeno, jarabe de palo; si es próximo, condescendencia. Y lo peor de todo es que -creo- tampoco se cometieron errores garrafales, simplemente los típicos de una primera edición. Inexperiencia. Vayamos punto por punto.

Grupos y cartel

Si nos centramos uno a uno en los 24 grupos que subieron al escenario, un rotundo diez para ellos. Un once. En especial para las bandas más pequeñas. Y más todavía para las formaciones que sufrieron los primeros turnos (de 14:00 a 18:00). La mayoría salieron al escenario con un público bastante reducido, pero eso no fue un problema: pusieron su mejor sonrisa, echaron toda la carne en el asador y se mostraron agradecidos. Algunos hasta con demasiada euforia. Bien por ellos.

A-cop-de-rock

En cuanto al cartel (las 24 bandas como bloque), la cosa no fue tan redonda. Podríamos debatir sobre la estrategia de realizar una primera edición y apostar a doble o nada (dos días, jornadas largas, en el centro urbano de una ciudad…), pero quiero creer que la organización lo analizó a fondo y consideró que era la mejor opción. Ahora bien, algunas decisiones se podrían coger con pinzas. Y es que parte del resultado se veía venir.

El A cop de rock, grosso modo, se presentaba con cuatro cabezas de cartel. El resto, bandas de mayor o menor tirón pero que no arrastran muchos seguidores (sobre todo en Cataluña). Si vemos festivales del mismo corte y en esas mismas circunstancias (imposible no pensar en el Pintor Rock, nacido en ese mismo espacio), con dos jornadas sumaban el doble de bandas Triple A. No digo que la entrada debiese ser la mitad, pero haciendo números podría intuirse.

Respecto a los grupos de las primeras horas, está claro: si tu público es de proximidad (no hay acampada, luego vive cerca), el evento se celebra a finales de julio (calor y más calor) y quieres alargar la jornada hasta las 6:00, empezar a las 14:00 no es la mejor opción. Además, los grupos de las primeras horas, a menudo locales, actúan para darse a conocer, pero si los asistentes tienen que sacrificar la hora de comer y deshacerse al sol para llegar, están vendidos.

Por último, comentar la terna punk rock/rock urbano/metal. Diría que no funciona. Por lo menos tal como estaba planteada, en tres bloques con el mismo peso. Y me refiero a nivel de público. A grandes rasgos, los de punk rock probablemente escuchen rock urbano, y viceversa; pero los fans del metal… tienen su propia idiosincrasia, su circuito, y les va de maravilla. Es difícil que los tres estilos compartan espacio, salvo en festivales muy grandes, donde hasta el reggae se hace hueco. De cara a unificar estilos (y aunque a muchos les pueda resultar molesto o insultante), encaja mucho mejor la música trompetera o ska. Comprobado.

Organización

A-cop-de-rockCuando uno piensa en clave de festival de música, lo que tiene en mente es pasar un puñado de horas en el recinto. ¿Y en qué se traduce esto? Comer y beber. De lo primero hasta puedes olvidarte si el festival convence, pero ay la bebida… cervezas a 3 euros y cachis a 8 euros. Estamos hablando de precios similares a los del Rock Fest, Resurrection Fest y Leyendas del Rock. Eso sí, con un público muy diferente, una tercera parte del aforo y no precisamente en Barcelona.

La organización es libre de poner los precios que quiera y de cuadrar las cuentas como buenamente pueda, pero con este panorama (recordemos que estamos en el casco urbano de Tarragona) disminuyen de forma fulgurante las posibilidades de que alguien se quede a escuchar una banda nueva. Es imposible “hacer vida en el recinto”. Mucho más sostenible mamarse en el bar de la esquina (que fácilmente tendrá aire acondicionado) y entrar cuando algo interese.

Speaker/presentador. La idea era buena, y más con una figura tan icónica como la de Mariano Muniesa. Dio un toque de distinción al evento. Sin embargo no acabó de cuajar. Primero porque la falta de público durante los descansos deslució el acto, y segundo porque quizá el speaker en cuestión está un poco alejado del espectador medio del festival, 25/30 años. Y esto nos lleva a espacio entre banda y banda, el cambio de instrumentos. No ayudó -como algún miembro de un grupo me comentó- que la selección de música en lata entre grupo y grupo fuese anglosajona: no había relación alguna con el contenido del festival. Cambios de veinte minutos con música alejada del target y birra 8 euros… lo normal era una desbandada.

Organización

A-cop-de-rockUno de los puntos más discutidos por los asistentes. Primero por la restricción de no poder volver a entrar (que no entrar) pasadas las 21:00 horas; después por la ventilación y el consiguiente calor. Punto en contra para la organización. Primero por no informar antes de posibles restricciones; y después ¿por intentar ahorrar?, ¿por no preveer?, ¿por no saber rectificar a tiempo? Entiendo que el recinto tenga sus propias limitaciones, pero conviene saber cuáles van a suponer un problema, y tener que permanecer desde las 21h en el recinto lo es. No se contempló que los asistentes tienen que cenar, y mucho menos las circunstancias de veganos, celíacos, etc. Como comentaba, resultaba complicado hacer vida allí. Irónicamente, los más puteados fueron quienes habían asistido a grupos menores, no sólo a los platos fuertes.

En cuanto al debate creado entre los que dicen que “hay que disfrutar y no quejarse” y los que se quejan, pues me cuesta decantarme por un bando. La gente va a disfrutar, desde luego, pero está pagando por una entrada y eso le da derecho a queja. Además, no estamos hablando de un género que se jacte de disfrutar de la vida a pecho descubierto, sino más bien de una minoría supuestamente contestataria. Y si seguimos la letra del propio himno del A cop de rock…

Más peliagudo resulta el tema de la seguridad, ya que el nivel de control variaba según la hora y el día. El viernes por la tarde te palpaban la mochila por si llevabas algo, el sábado por la tarde te pedían la billetera y la doblaban en-busca-de-no-sé-qué y el sábado por la noche pasabas como Pedro por tu casa. Lógicamente, el turno más duro sembró el malestar.

A-cop-de-rockPor otro lado, enhorabuena al equipo de limpieza. Es una de las piezas imprescindibles para que funcione el engranaje. Yo vi cómo limpiaban, y ya se sabe que el movimiento se demuestra andando.

La puerta…

A-cop-de-rockLa gran triunfadora de la noche. Un puerta a la izquierda del escenario (mirándolo de frente) que, como mínimo, superó el aforo permitido un centenar de veces. Es lo que tiene la magia. Entrar con un simple papelito en la muñeca y salir con el vaso lleno es lo más grande desde el monolito de Kubrick.

La primera edición del A cop de rock destacó por muchos claroscuros. Si hacemos caso a lo que dicen unos y otros, hay mucho que mejorar, pero también existe la intención de hacerlo. Esperamos que así sea. ¿Empieza la cuenta atrás para la segunda edición?

 

SABICIO

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2 comentarios el “El A cop de rock y la falta de experiencia

  1. 😎
    02/08/2018

    Los precios de la barra son carisimos ,en consecuencia te atendían enseguida ,normal ,da miedo ir a la barra .si ponen birras a un euro hubieran vendido diez mil

    • Sabicio
      03/08/2018

      Algo bueno tenía que tener. Es como el espacio: poco aforo equivale a comodidad. No había cola para los baños ni para entrar al recinto. Podías estar en primera fila en cualquier concierto. Conocer a los grupos tras su actuación… Un lujo.

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Esta entrada fue publicada en 26/07/2018 por en Música, Opinión y etiquetada con , , .
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