ROCKTÁMBULO

Reflexión y documentación del rock en español.

De héroes y villanos

La importancia del trayecto, también para Marea y La Polla Records.

Marea La Polla RecordsLlevamos muy poco de 2019, apenas un trimestre de los cuatro que tiene el curso. Por delante tenemos las elecciones municipales, las generales y las europeas, y el grueso de álbumes que a finales de año competirán por el honroso galardón de disco de año. Ya aviso, salvo hecatombe, yo ya tengo el mío, Grietas, de Malos Vicios. Podría alargar esta introducción con los motivos de mi elección, con los deseos que tengo para el año (aunque eso sería cosa de enero) o con alguna opinión de esas que nunca escribo para que nadie se me eche encima y seguir pareciendo alguien respetable; sin embargo, no lo haré porque, al igual que lo que queda de 2019, todo quedaría ninguneado frente a la montaña de inputs que han dejado -y dejarán- las dos noticias más top del última década en el rock estatal: el disco de Marea y el regreso de La Polla Records.

Nada puede sobrevivir a ello. Cuando llegue diciembre, ambos grupos se pegarán por el trofeo a la mejor gira, por la corona al mejor disco, por la medalla a la mejor canción y hasta por la banda de miss simpatía. Por el camino, entrevistas, loas y pétalos de camelias japonesas allí donde pisen. Y con esto no quiero decir que me parezca mal, y mucho menos que no lo merezcan. Principalmente porque ni me va ni me viene. Lo que sí me viene (y por eso voy) son un par de detalles referentes a los trayectos tanto de Marea como de La Polla Records. Porque a veces importa más el camino que la metal.

Disco de Marea siete años después

Marea«Para mí es el mejor disco de todos, a nivel instrumental y lírico. Creo que nadie va a hacer nada mejor […] mira que hemos dejado tiempo para que la peña sacara un disco que nos diera una patada en el culo, pero no ha habido cojones, hemos tenido que sacar otro.» Kutxi respondía esto en una entrevista concedida al portal Maneras de Vivir. Le he dado muchas vueltas a si lo dice en serio o es un poco de ironía para jugar con el lector. De ser lo segundo me parecería algo fantástico, adentrarse en otra faceta de Kutxi alejada de esa imagen -trillada y cansina- de poeta que muchos intentan tatuar en su currículum. De ser lo primero me parecería un error mayúsculo. Ya no por la falta de respeto hacia otros grupos (lo primordial), sino por lo que supone tal afirmación. Y aquí quería llegar. Porque las declaraciones del cantante de Marea sólo son una coyuntura perfecta para exponer lo que se juega el grupo con El azogue.

Es verdad que el grupo de Navarra tiene grandes discos en su haber, como Revolcón, Besos de perro o 28.000 puñaladas, algunos de ellos entre los mejores del rock estatal, pero también lo es que llevan quince años sin sacar un álbum que se acerque a lo que se espera de Marea (aquí dejo fuera a los fans incondicionales). Todos los discos no tienen que cobijar un Corazón de mimbre, un Barniz o un A la mierda primavera, pero sí canciones que motiven una escucha de 45 minutos. Y con Las aceras están llenas de piojos y En mi hambre mando yo eso no pasa. Si la mejor canción de un disco hace que saltes a los anteriores… algo no funciona bien.

Marea está en una encrucijada (nada que haga tambalear su pedestal). Su discografía siempre ha caído del lado de los buenos por número y peso, pero si El azogue no consigue arrancar un par de aplausos de quienes conforman las bases del rock (espero que se entienda quién conforma ese pequeño colectivo), la cosa puede dar un vuelco y rebajar el suflé de los de Berriozar.

Ni descanso ni paz, ¿y legado?

La Polla RecordsEl gran debate sobre el regreso de La Polla Records se articula alrededor de uno de los grandes dilemas del rock: venderse. ¿La banda traiciona todos sus estandartes al meterse en una gira de recintos mastodónticos, precios nunca vistos en el punk rock y una tournée propia de Sergio Dalma? La respuesta es complicada. Primero porque deberíamos aclarar qué significa venderse; o mejor dicho, hasta dónde es lícito venderse. Segundo porque tendríamos que valorar las consecuencias de hacerlo y si es positivo para la comunidad. Porque éste es el punto de partida. Para un análisis mínimamente útil, no me vale apelar al individuo, nada de “cada uno puede hacer lo que quiera”, ya que eso echaría por tierra el 90% de canciones del género, ni de “como hay gente que quiere comprar, pueden venderse”, afirmación que considero una falta de responsabilidad absoluta (me recuerda a la reata de ciudadanos que votan a partidos corruptos amparándose en que quieren decidir quién les roba). Como he dicho, es una cuestión compleja. Por ello no quiero focalizar el tema desde esa visión, sino desde otra mucho más etérea: el legado o la leyenda que representa La Polla Records.

Evaristo La Polla RecordsSi hacemos una lista con los pros y los contras de la aparición de las nuevas tecnologías en el ámbito de la música, en la primera columna seguro que están factores como el alcance o la facilidad para grabar un disco; en la segunda fijo que encontramos el mantenerse en el candelero y, a años luz, convertirse en un referente cultural que perdure en el tiempo. En el rock estatal, no hay tantos grupos contemporáneos que puedan presumir de esto último. Extremoduro, Rosendo o Los Suaves pueden, y pocos más. Pues bien, La Polla estaba en ese primer grupo.

La banda de Evaristo Páramos era un claro referente del rock radical vasco (el debate sobre la etiqueta otro día), se ganó un lugar de preferencia en el olimpo de la música, a pesar de no cumplir con los estándares de la industria. Quizá por el momento en que surgió, el camino recorrido y su ruptura, tenía el respeto de toda la comunidad. ¿Pero qué está pasando con la vuelta del grupo, o más bien con las formas? Que ese castillo que creíamos de piedra se está mostrando como una chabola de adobe a la orilla de la playa. El corrillo mainstream lo ha tomado como un valor al alza y el público se ha disgregado entre quienes encuentran motivos para desmitificar a la banda, los que no piensan formar parte del show y quienes (como si fuera un concierto de Metallica, Iron Maiden o Gun N’ Roses) sólo pretenden fichar para poder anotarse el tanto histórico. Mirando de lejos, aquellos que pagan por ver a Gatillazo.La Polla Records

¿Vale la pena jugarse la trayectoria de La Polla por una “última batalla” contra nadie? O peor aún, contra tus propias tropas. El dinero es goloso y la nostalgia una maldita trampa, pero alcanzar el estatus que tenían los de Salvatierra puede ser un tren con una parada y sin trayecto de regreso.

SABICIO

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Esta entrada fue publicada en 25/03/2019 por en Música, Opinión y etiquetada con , , .
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