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Crítica ‘Niños perdidos’ [Kamikazes]

Kamikazes se presenta con Niños perdidos, un “hola” cojonudo.

Kamikazes - Niños perdidosEl cese de la convivencia en Carroña dejó a algunos de sus miembros con ganas de juerga, de modo que éstos se inventaron otra banda con la que poder recorrer península, Kamikazes (nombre procedente de la canción Mariposas kamikazes). Rápidamente, lanzaron un crowdfunding. Tras completarlo con muchísima solvencia, y en apenas unos pocos meses, tres concretamente, Kamikazes publicó el disco. Niños perdidos ha sido grabado en El sótano por Iker Piedrafita, y consta de ocho cortes con química y caos a partes iguales.

El compacto presenta rápido su credenciales: contundencia y rabia. Esto es lo que percibimos nada más empezar Se va a a caer. Si seguimos tirando de ese hilo, ambos valores podrían ser una representación paralela de dos vías que propone la letra de la canción: la salud y la rebeldía. Encontramos un inicio seco, en el que se pierde cualquier atisbo de dulzura. El grupo no parece ofrecer tregua alguna. En el global del tema, el ímpetu con que se acomete la estrofa resta importancia al estribillo, el cual, aunque goza de mucha potencia y relevancia por los coros, acaba formando un sólido bloque con su entorno.

En cuanto al contenido, de carácter combativo, destaca la construcción de versos a base de “veneno” y “poesía”: “Arden los bancos, muere del dinero […] sólo quiero el azul de tus ojos”. Es decir, el constante el juego de dobles normalmente incompatibles, los mismos que también representan las ideas de ideología y de lo personal, respectivamente.

Kamikazes banda

Kimi, Andrés, Kata y Ángel // FOTO: Daniele Cruz

Sin perder un ápice de empaque, Somos leyenda (Bonnie and Clyde) cede una milésima de intensidad, la justa para dar espacio a otros recursos y hacer lucir el estribillo, que entra como un pura sangre: como un kamikaze. El break a mitad de pista y el sencillo riff añaden un poco de color, además de cordura a siete minutos que apuntaban a dejarnos con la lengua fuera. La letra, por su lado, arranca de la leyenda forjada por los considerados como los primeros criminales modernos, Bonnie y Clyde, para plantear esa actitud de quien vive sin reparar en lo que otros piensan, algo que traído al siglo XXI nos deja valores totalmente antisistema. Igual que en el primer tema, aquí Kamikazes plantea la dualidad vital a partir de la fórmula amor + delincuencia, entendida esta última como forma de “romper las reglas”.

Niños perdidos no sólo da nombre al disco, sino que prácticamente presenta a la banda. Quizá por ello sus casi cuatro minutos (3:50), además de seguir la estela de Se va a caer y Somos leyenda, muestra un trasfondo casi emotivo, que nos llega especialmente con el uso de los instrumentos: el medio tiempo, los riffs, el tom base… En cuanto a los “niños perdidos”, no dejan de ser unos Bonnie y Clyde de barrio, quienes, en lugar de atracar bancos e ir armados por el mundo, ocupan la calle o los bares y, dados a los excesos, se amorran a la botella.

Kamikazes logo

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Circo interno se construye sobre los cimientos del riff y de una melodía que guarda cierto aroma a música clásica. La cadencia de Kata varía ligeramente al inicio de la pieza, mostrándose una voz desgastada que nos transmite un ambiente de hastío y tristeza. Sin embargo, este relato se ve roto por un estribillo crudo que explota en la tragedia instrumental de las guitarras. La que se presenta como la pista más larga de Niños perdidos nos habla de la enfermedad sin cura y de la incertidumbre.

Con Nada es eterno, vuelve el lado más desenfadado de Kamikazes, aunque ello no significa que se origine en la fiereza, sino que el grupo practica un punk rock más liviano. En consecuencia, la pista resulta atractiva y agradable a los oídos. Asimismo, el tono del vocalista no rasca tanto, sino que mantiene un camino paralelo a unos instrumentos que apelan a lo orgánico del recorrido. El solo enlaza muy bien con las iteraciones del estribillo. La letra se arrima a todas aquellas que apuestan por un cambio de régimen político. Mensaje antimonárquico con un buen envoltorio.

Kamikazes tiendaCon mimbres similares a los de Se va a caer entra El ojo del huracán. No obstante, el recorrido es más veloz, casi un latigazo. Para completar el ejercicio y darle vuelo, Kamikazes cuenta con Pablo de Desakato. Como la mayoría de incursiones del asturiano -y es extensible a las de su compañero de faenas, Pepo- el tema desemboca en el ADN de Desakato: un torbellino que desprende electricidad y que únicamente reduce marchas para meter más caña. En estas, Kata y Pablo se bastan y se sobran para achicar cualquier espacio imaginable, y combinan a la perfección. Kata hace de Pepo, en una dupla de poli bueno-poli malo. La letra, por su parte, también se asemeja a las de la banda asturiana, con una red de contenidos que atienden a elementos naturales: la ciudad, el tiempo y, sobre todo, el universo material (un reflejo de Antártida).

El penúltimo corte, Hijos de la derrota, también viene con extra de compañía, Efraín Peke Wambo (La Vallekana Sound System), pero éste tiene doble registro: primero, en forma de introducción flamenca; después, en el papel de segunda voz estándar, pero rayano el MC. Como la de Pablo, muy acertada, elevando el carisma de los intérpretes y de la canción. Tal vez sea la pista que mejor conjuga la multitud de elementos, estableciendo una mezcla muy acertada de piezas bastante delimitadas por el motivo nuclear de las mismas. Respecto al contenido, en el club de los invisibles tenemos a quienes nacieron en el bando perdedor, los derrotados por culpa de los movimientos tácticos de la geopolítica mundial, cuando no de los caprichos del primer mundo.

La última pista, Naufragio, despide Niños perdidos de la forma más grunge posible. El ritmo disminuye ostensiblemente, la distorsión se apodera de las cuerdas, todo pesa y el pesimismo lo cubre todo. Se establece el vivo reflejo de la generación X, factor presente a lo largo de todo el álbum.

A juzgar por este Niños perdidos, parece que el sello Carroña continúa sobrevolando el mundo del rock, aunque con un formato más estándar y directo. Para reseñar esta ópera prima valdría aquello de que suena muy bien, incluso fresco, pero la potencia mostrada en sus ocho canciones da para mucho más. Se notan las ganas y el buen hacer de la banda, y a poco que el proyecto tenga recorrido, puede dar mucha guerra. Vale la pena inmolarse.

Niños perdidos (2019)

  1. Se va a caer
  2. Somos leyenda (Bonnie and Clyde)
  3. Niños perdidos
  4. Circo interno
  5. Nada es eterno
  6. El ojo del huracán
  7. Hijos de la derrota
  8. Naufrafio
SABICIO

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Un comentario el “Crítica ‘Niños perdidos’ [Kamikazes]

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Esta entrada fue publicada en 23/05/2019 por en Música, Reseña/Crítica y etiquetada con , , .
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